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Baldaquino de San Pedro, Bernini

Publicado por Laura Prieto Fernández

El Baldaquino de San Pedro del Vaticano es una de las obras que más difícil resulta de clasificar, en ella se conjuga a la perfección elementos escultóricos y arquitectónicos a partes iguales por lo que tradicionalmente el baldaquino puede encajar en cualquiera de las dos disciplinas.

El baldaquino, baldaquín o ciborio es una especie de templete que se utilizaba en la Edad Media; entonces se trataba de una arquitectura efímera y portátil que durante la pascua cubría el altar mayor. En realidad el origen del baldaquino es más civil que religioso ya que éste se remonta a los antiguos catafalcos que utilizaban los monarcas españoles. A lo largo de la historia de la Basílica de San Pedro ya se habían levantado algunos baldaquinos anteriores a este para celebrar algunas fechas señaladas y en 1610 el artista Carlo Maderno recibió el encargo de hacer un ciborio permanente para lo que utilizó columnas de estilo salomónico que supuestamente el emperador Constantino había llevado a Roma desde el Templo de Salomón. El baldaquino nunca llegó a ser realizado por Maderno pero ocho de las columnas salomónicas permanecieron en la basílica en la zona del transepto.

Bernini (Baldaquino)

En 1623 el recién elegido papa Urbano VIII (1623 -1644) encargó al artista barroco Gian Lorenzo Bernini (1598 – 1680) la realización de un baldaquino permanente que sirviese como silla papal y se situase sobre la tumba de San Pedro en el altar mayor de la basílica. Bernini se había configurado como una de las grandes figuras artísticas del barroco italiano. Con sólo veinticinco años el artista ya había trabajado anteriormente para el papado diseñando la famosa Plaza de San Pedro cuyos brazos cobijan a la cristiandad que se congrega frente la residencia del papa.

Las obras del ciborio de San Pedro del Vaticano duraron hasta 1634 y durante este tiempo numerosos artistas como Borromini, Andrea Bolgi o Stefano Maderno participaron en los trabajos que Bernini dirigía. El artista planteó una gran obra de más de veintiocho metros de altura sustentada por cuatro columnas salomónicas profusamente decoradas con elementos animales, vegetales y geométricos. Así encontramos elementos como el laurel que aluden a la condición poética del pontífice y las abejas del emblema en su escudo. Las columnas se rematan con un capitel compuesto –capitel corintio con volutas jónicas- que sostiene un entablamento decorado con pendones. En la zona superior unas esculturas de puttis portan los símbolos papales, la corona y las llaves de San Pedro. Culminando este entablamento aparece representada la paloma del Espíritu Santo dentro de un círculo solar, otro de los símbolos del apellido Barberini. Un segundo entablamento corona la composición; en él se aprecia la presencia de una cruz que simboliza la iglesia y una esfera terrestre que alude a su universalidad.

Como ya es típico de las obras de Bernini el artista ha logrado combinar a la perfección la teatralidad y el dinamismo dentro de una misma composición; así el baldaquino de San Pedro se ha convertido en una de las piezas más representativas del estilo barroco.