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Basílica San Juan de Letran

Publicado por Laura Prieto Fernández

La basílica de San Juan de Letrán, cuyo verdadero nombre es La Archibasílica del Salvador y de los santos Juan Bautista y Juan Evangelista aunque debido a su historia también se conoce con el sobrenombre de Basílica Laterana o incluso Lateranense. La basílica de San Juan forma parte del conocido grupo de basílicas mayores -aquellas que sustentan un alto rango- junto con San Pedro del Vaticano, San Pablo Extramuros y Santa María la Mayor; de hecho la basílica que aquí nos ocupa, es la más antigua de todas las basílicas mayores y a diferencia de lo que pudiese parecer, es la catedral de la diócesis de Roma.

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La construcción de san Juan de Letrán está dedicada a Cristo Salvador y es propiedad de la Santa Sede, se trata de un edificio extraterritorial que, a pesar de estar ubicado en Roma, no pertenece a Italia sino al Vaticano. En este contexto el conjunto de San Juan de Letrán – no sólo la capilla sino también el baptisterio y el palacio episcopal- fueron declarados por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en 1980.


La primitiva construcción dataría del siglo VI d.C. cuando el emperador Constantino entregó al papa Melquiades un antiguo terreno que había pertenecido a una familia noble romana caída en desgracia bajo el mandato de Nerón. De este primitivo edificio no tenemos demasiadas noticias apenas se sabe que fue consagrado en el año 324 y dedicado al Salvador; de la tan solo se conservan unos pocos restos ya que el conjunto fue destruido en el siglo IX a causa de un incendio y hubo de ser reconstruida. Esta no fue sin embargo la única reconstrucción, ya que en el siglo XVIII Borromini realizó una auténtica reestructuración del templo para otorgar un aspecto más barroco.

Del primitivo edificio sabemos sin embargo, que se trataba de una basílica de planta longitudinal con cinco naves orientadas de Este a Oeste de las cuales la mayor era más ancha y alta que las naves laterales permitiendo así la iluminación del templo. Cada una de las naves estaba separada de las naves por columnas que sujetaban grandes arcadas en la nave central y otras de menor tamaño en las laterales. En la cabecera un enorme ábside semicircular se encontraba flanqueado por pequeños cubículos de testero plano que hacían las veces de sacristía.
Según las fuentes documentales en la primitiva basílica de San Juan de Letrán, los fieles encontraban una fuerte dicotomía entre un exterior sencillo y poco decorado con el interior donde se había derrochado ornamento y trabajado con materiales nobles como los dorados de la cúpula que se abría en el presbiterio o los mármoles de color verde, rojo y amarillo que se utilizaron en las columnas que separan las naves.

Junto a la basílica se encontraba el baptisterio, un espacio independiente destinado a los bautismos que en la antigüedad tan solo había en las catedrales– de planta octogonal como era costumbre en este tipo de construcciones- es el baptisterio occidental más antiguo que ha llegado hasta nuestros días.

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