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Iglesia de san Carlino de Borromini

Publicado por A. Cerra

El arquitecto Francesco Borromini recibe el encargo de construir esta iglesia en el año 1634. El interior de la iglesia propiamente dicha lo construyó en tres años, pero en cambio la fachada no quedó acabada hasta las obras realizadas entre 1665 y 1667. Y en realidad, todo el conjunto, incluyendo el claustro no se terminó por completo hasta después de la muerte del arquitecto en 1680, y fue su propio sobrino, llamado Bernardo, el que dirigiría las obras finales.

Fachada de la iglesia de san Carlino en Roma

En definitiva, para Francesco Borromini, uno de los principales arquitectos del arte barroco italiano, esta obra supuso todo un desafío durante gran parte de su vida profesional, y de hecho está considerada su gran obra, y eso que comparada con otras obras de la época, la construcción de esta iglesia contaba con un presupuesto bastante moderado.

La misma planta de la iglesia es barroca por definición, ya que se trata de la suma de formas ovales, porque en realidad son diferentes capillas que se fusionan en un espacio mayor. En origen la planta era de una cruz griega, o sea, de cuatro brazos iguales, y sin embargo él deforma esos brazos, les aplica elasticidad a partir de muros curvos y desaparecen los ángulos en favor del dinamismo en la arquitectura, ocupando todo el espacio central un óvalo, al que se abren las diferentes capillas.

Además toda la obra está inspirada en símbolos religiosos. Mientras que el piso inferior del templo representa el estrato terrenal, el abovedamiento que cubre el espacio celeste simboliza la esfera celeste, y esto lo consigue colocando elementos sólidos y muy materiales en la base, y desmaterializando la cubierta. Se podría decir que imbuye a su arquitectura de ciertos conceptos escultóricos, algo que ya había hecho décadas atrás Miguel Angel Buonarrotti.

Logra transformar cada detalle de la construcción con elementos decorativos, como en los capiteles o los tréboles que aparecen en las hornacinas, ya que lo que busca es darle movimiento a la arquitectura y romper cualquier monotonía.

Y respecto a la fachada, un detalle muy importante es que Borromini parte de una zona achaflanada y es consciente de que el espectador siempre la va a ver en escorzo. Además la forma de la fachada no está relacionada con lo que el fiel va a ver en el interior, es independiente. Pero sin embargo, interior y fachada los concibe con un concepto común, dotarla de movimiento, un movimiento continuo.

En el caso de la fachada se puede decir que el movimiento lo da el entablamento curvo. Ahí quien dice que es un reinterpretación de las tumbas de Petra en Jordania, conocidas por aquel entonces gracias a dibujos de viajeros.

En realidad, Borromini reinterpretó toda la arquitectura creada hasta él, ya que innovó en muchos aspectos. Por ejemplo creó nuevos tipos de capiteles usando coronas y formas palmeadas. Y lo cierto es que lo que a él le inspira esa renovación es fusionar los elementos estructurales y los decorativos. Piensa que la arquitectura es como la Naturaleza que crece y vive, y por eso sus obras poseen la mayor viveza de la arquitectura barroca y son inmediatamente reconocibles, tanto que a su arquitectura y a su influencia se le llama borrominesca.

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