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Palacio Qusair Mushatta

Publicado por Laura Prieto Fernández

A lo largo de los siglo XVII y XVIII d.C. la dinastía de los Omeyas ostentaba el poder califal en Oriente; en 661 Damasco se erige como la nueva capital del califato y en torno a la ciudad comienza a surgir un nuevo tipo arquitectónico que será conocido como los palacios del desierto. Con esta denominación se hace referencia a un conjunto de construcciones levantadas en el desierto de Jordania –la mayoría de las cuales se encuentra en la ruta utilizada para peregrinar desde Kufa a Medina- que en la actualidad constituyen uno de los mayores atractivos turísticos de la zona.

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En realidad aún hoy la función que debió desempeñar este tipo de construcciones no parece estar del todo clara, algunos historiadores del arte aseguran que estas edificaciones palaciegas debieron levantarse como palacios de invierno alejados del bullicio de la ciudad donde los altos cargos se retirarían para meditar. Otras hipótesis sin embargo hablan de una función más práctica como almacenes de grano o un lugar de reunión entre el califa y los beduinos.

El palacio de Qusair Mushatta parece ser que fue levantado en torno al año 743 o 744 en la época del califa Walid II cuyo califato apenas duró un año y que ha pasado a la historia como el príncipe artista. En la actualidad el castillo se encuentra en ruinas y sus bellísimas fachadas han sido trasladadas al Museo de Bellas Artes de Berlín. La construcción se levantó en las proximidades de la ciudad de Medina y se configura a través de una planta rectangular que medía más de ciento cuarenta metros de lado.

Este tipo de palacios se encontraban fuertemente influidos por las antiguas construcciones romano – bizantinas y en un principio se dudaba del origen islámico de las ruina de Mushatta, hasta que en a comienzos del siglo XX el investigador alemán Schultz descubrió en uno de los paramentos un mihrab.

El palacio estaba organizado a través de tres calles longitudinales. La central, más ancha que las laterales, tenía acceso directo desde el exterior a través de una entrada monumental. En el centro de la calle central se disponía un gran patio precedido de las estancias del cuerpo de guardia y del zaguán. Tras el patio se encontraba el salón del trono destinado al califa; éste se remataba en una cabecera tripartita con tres exedras y en torno a él se disponían las habitaciones reales.

En el exterior el Palacio de Musshatta contaba con un total de veinticinco torreones semicirculares que adosados al muro exterior le conferían a éste un aspecto defensivo similar al de las construcciones de época romana. El perímetro de la fachada se encontraba decorado por múltiples relieves que en la actualidad están en Berlín, se cree que tras el asesinato del califa el palacio fue abandonado hasta que en el siglo XIX los restos arqueológicos de la construcción fueron regalados a Guillermo II de Alemania por el sultán Humid II. La decoración de la fachada es exquisita, en ella encontramos motivos geométricos, vegetales, animales e incluso algunas inscripciones.