Arte

Inicio Arquitectura, Islámica Plaza de Registán de Samarkanda

Plaza de Registán de Samarkanda

Publicado por A. Cerra

Samarkanda o Samarcanda está considerada en su conjunto histórico como Patrimonio de la Humanidad y son muchos los monumentos que por sí solos merecen ese galardón, como puede ser el Mausoleo de Timur o la Mezquita de Bibi Khanum, mandada construir precisamente por la esposa de aquel conquistador mogol. Sin embargo, hay un conjunto monumental de un valor incalculable y una belleza increíble. Se trata de la Plaza Registán, cuya traducción vendría a ser algo así como plaza de arena, pero que en realidad es conocida porque aquí se encuentran tres madrasas imponentes en la tradición de las enseñanzas del Corán.

Plaza Registán de Samarkanda

Plaza Registán de Samarkanda

No hay que olvidar que a estas tierras llegó muy pronto el Islam, de hecho lo trajo un primo del propio Mahoma, Qusam ibh Abbas, que además está enterrado en la ciudad, en la necrópolis de Shazi Zinda. E incluso el Corán más antiguo del mundo, del siglo VII, se encuentra en la mezquita de Hazrati Imam, en la ciudad de Tashkent, la capital de Uzbekistán.

En definitiva, que gran parte del patrimonio del país, y de Samarkanda en particular es islámico, y así ocurre con las tres madrasas que se levantan en esta plaza, la de Ulugh Beg, la de Sherdar y la de Tilla-Kari.

La madrasa de Ulug Beg, es la más antigua del conjunto y se halla en la zona occidental de la plaza. Se construyó en el siglo XV y todavía lleva el nombre de su constructor, Ulugh Beg, el cual fue un destacado gobernante mogol pero que además tuvo tiempo para formarse en campos como la astronomía y las matemáticas. De hecho, como característico de la decoración de esta madrasa es que en sus azulejos se pueden ver una gran variedad de motivos astronómicos. Y es que el mundo de las estrellas era la pasión de este personaje, y en la ciudad todavía se conserva el observatorio astronómico que hizo construir.

Enfrente de lade Ulugh Beg se levanta la madrasa de Sherdar, casi como si fuera un reflejo de la anterior, aunque se trate de una obra posterior, y las separen dos siglos. Al observar la fachada de la madrasa de Sherdar se ven unos elementos que llaman poderosamente la atención. Se trata de dos leones que custodian la entrada. Y esta presencia de seres animales es sumamente extraña en las construcciones de esta religión.

Y por último, la madrasa de Tilla-Kari se sitúa entre las dos anteriores, y en este caso lo que más llama la atención del espectador es el tono dorado de sus elementos ornamentales. Y es que en los tres casos hay un gran derroche de color, tanto en las grandes cúpulas que suelen ser del característico color turquesa, como en los muchos mosaicos y paramentos de azulejos que recubren fachadas y muros, donde nunca faltan las notas de color verde, azul, blanco, amarillo y dorados.

Categorías: Arquitectura, Islámica