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San Pedro de la Nave

Publicado por Laura Prieto Fernández

La pequeña iglesia de San Pedro de la Nave ubicada en la provincia de Zamora es una de las muestras más significativas de arte visigodo. El templo fue construido en los últimos años del siglo VIII en las inmediaciones del río Esla, no obstante la construcción de un pantano en el siglo XX planteó la necesidad de trasladar el templo o perderlo para siempre. Así, por iniciativa del historiador Gómez- Moreno, se encargó el traslado del templo al arquitecto Ferrant Vázquez quien desmontó la primitiva iglesia piedra a piedra para volver a reconstruirla en su actual ubicación, una pequeña localidad conocida como El Corrillo.

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Es importante destacar que el traslado de la iglesia fue una tarea monumental, que requirió de un meticuloso estudio y registro de cada una de las piezas que conformaban la estructura original. Este proceso permitió no solo la preservación del edificio, sino también un análisis detallado de su arquitectura y ornamentación, lo que ha contribuido en gran medida a la comprensión del arte visigodo.

Pese a que las dimensiones del templo son bastante reducidas su complicada planta ha traído grandes complicaciones a los estudiosos; originariamente el templo presentaba una típica planta de cruz griega que con los años se modificó sustancialmente: El templo se trasformó en una planta basilical con tres naves de las cuales la central es más alta y ancha que las laterales y con una cabecera tripartita de testero plano. En realidad tan sólo uno de los ábsides funciona como tal, las otras dos estancias se conforman como pequeñas estancias o sacristías.

La separación entre las naves se lleva a cabo gracias a gruesos pilares que sustentan las arcadas formeras. Éstas presentan arquerías de distintos tipos –apuntada, medio punto…- seguramente debido a las intervenciones y modificaciones realizadas a través de los años. El acceso al ábside central se realiza a través de un gran arco toral sustentado por columnas de capiteles tronco-piramidales, en el interior tres vanos iluminan la estancia.

Las estancias laterales se comunican con el ábside central a través de pequeñas y sencillas puertas, presentan la misma estructura de vanos pero su interior se recorre por una especie de banco o reclinatorio que ha llevado a los estudiosos a plantearse la hipótesis de que se corresponda con una especie de celda para una cercana comunidad monacal.

En el exterior destaca la precisión de los sillares de arenisca dispuestos sin argamasa y la trasparencia de volúmenes entre los espacios. Del sistema de cubrición destacan las bóvedas de medio cañón realizadas en piedra para cubrir la zona del ábside y las estancias laterales, estas son las únicas cubiertas originales que se conserva en el templo, el resto se han realizado con ladrillo a partir de los arranques de piedra de la primitiva construcción.

Al igual que en su construcción, en el programa decorativo del templo también se observan dos fases diferentes: por un lado encontramos un friso corrido a lo largo del templo con representaciones animales y vegetales que se correspondería con la primera fase del templo asociada a la planta de cruz griega; en la fase en la que San Pedro de la Nave se Reconvirtió en un templo basilical se incluyen también la decoración de los capiteles con escenas bíblicas e historiadas. En este sentido, adquiere una especial importancia la escena que representa a Daniel en el foso de los leones, uno de los mejores ejemplos de escultura prerrománica.

Además de su valor arquitectónico y artístico, San Pedro de la Nave también tiene un gran valor histórico. El templo ha sido testigo de numerosos eventos y cambios a lo largo de los siglos, desde su construcción en el siglo VIII hasta su traslado en el siglo XX. Cada una de estas etapas ha dejado su huella en el templo, convirtiéndolo en un verdadero testimonio de la historia de la región y del país. Sin duda, la iglesia de San Pedro de la Nave es un tesoro que merece ser preservado y estudiado para las futuras generaciones.