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Estandarte de Ur

Publicado por Laura Prieto Fernández

El arte mesopotámico es el reflejo de una de las mayores culturas de la antigüedad, en el valle fluvial formado por los ríos Tigris y Éufrates surgió una serie de pueblos que nos han legado algunas de las obras más destacadas del mundo antiguo, piezas indispensables para conocer la historia pasada y la organización social y cultural de aquellos pueblos. En este sentido el Estandarte de Ur, la obra que aquí analizamos, es una de esas piezas que nos ayuda a comprender la vida de los conocidos antiguos pueblos mesopotámicos.

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En la primera mitad del siglo XX, en la década de los años veinte más concretamente, se llevaron a cabo numerosas excavaciones en la antigua ciudad de Ur que hoy se conoce como Bagdad, Irak. Fue precisamente en una de estas excavaciones cuando el arqueólogo londinense Leonard Woolley localizó en la necrópolis que excavaba la tumba PG 779 que perteneció a la reina Pu – abi, en ella se localizaron los restos de un cadáver masculino y junto a su hombro la pieza que aquí analizamos.

El estandarte se trata de una pequeña caja de madera con forma trapezoidal –parece una pirámide truncada- con una medidas de poco más de veinte centímetros de altura y cincuenta de anchura. La caja era de madera pero fue decorada con la técnica de la taracea a través de la cual pudieron incorporar a la madera conchas, coralina o incluso lapislázuli con una amplia capa de betún.

Las primeras investigaciones al respecto de la pieza hicieron pensar que ésta debía de ser una parte de un estandarte que se colocaría sobre un mástil sin embargo investigaciones más recientes parecen apuntar a que la obra debía de tratarse de una especie de caja para albergar algún instrumento musical, tal vez un arpa.

Sea como fuere lo cierto es que la pieza nos da una gran información, encontramos dos caras bien diferenciadas ambas divididas en tres registros horizontalmente que se separan por cenefas decorativas y geométricas. En la conocida como la escena de la paz encontramos a un conjunto de sirvientes y agricultores que portan ofrendas para servirlas en el banquete que se está desarrollando en el registro superior y en el que encontramos una figura de mayor tamaño que se ha identificado como el monarca. Los asistentes al banquete se han representado sentados dialogando los unos con los otros mientras que la figura de un músico toca el arpa para amenizar la comida.

Por su parte la cara de guerra es mucho menos idílica, en ella se representa un desfile militar en el que encontramos carros de combate tirados por caballos y onagros que arrollan a los enemigos, también soldados con lanzas, armaduras e incluso hachas. De nuevo en el registro superior encontramos la figura del monarca esta vez dirigiéndose hacia sus soldados.

Las escenas representadas tienen un fuerte carácter geométrico y están lejos de resultar naturalistas sin embargo, las figuras que encontramos se disponen con gran movimiento a pesar de que todas ellas han sido representadas de perfil.

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