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Busto del cardenal Laudivio Zacchia de Algardi

Publicado por A. Cerra

Alessandro Algardi fue un artista nacido en Bolonia en 1598, ciudad en la que empezó a trabajar como aprendiz en el taller de un Ludovico Carracci ya de edad avanzada, si bien pronto viajó hasta Roma, concretamente en al año 1625, donde siguió en contacto con el grupo de los artista boloñeses asentados en la Ciudad Eterna, y donde no le faltaron encargos desde el principio ya que este busto del Cardenal Laudivio Zacchia es un obra que realizó tan solo un año después, en 1626.

Busto del cardenal Laudivio Zacchia de Algardi

Busto del cardenal Laudivio Zacchia de Algardi

Lo cierto es que desde un primer momento quedó fascinado por el gran escultor del momento, Gian Lorenzo Bernini, y en cualquiera de sus obras como la Tumba del Papa Leon XI o el relieve del Encuentro entre Atila y León I se puede ver la enorme influencia que tuvieron las obras de Bernini en su producción.

Y por supuesto el influjo del gran escultor del arte Barroco también se puede rastrear en el busto de este cardenal, ya que la comparación es bastante sencilla con obras como por ejemplo el Scipione Borghese.

Por otro lado, Algardi, realizó arte religioso obviamente en la ciudad papal, pero sobre todo fue desde sus principios un consumado retratista. Especialmente era muy valorado por la exquisita atención que era capaz de poner en cualquier detalle.

Aquí por ejemplo se puede ver como aparecen de forma muy fina las arrugas del cardenal, sus verrugas y muchos detalles de la piel, que está tratada de manera exquisita, al igual que sus cabellos o el tejido de sus ropajes cardenalicios. Sin embargo, pese a esa maestría para representar los detalles, es cierto que no consigue aplicar el dinamismo y vitalidad que aportaba su maestro en las esculturas.

De este modo, el resultado final parece ser un acertado cúmulo de observaciones, todas ellas muy detalladas del modelo, algo muy propio de la escultura del clasicismo realista del momento.

Y ese detallismo le añade toques de captación psicológica del retratado, al cual aquí nos lo muestra muy serio, pero también en un tono cálido, gracias al delicado tratamiento de las superficies de la escultura.

En definitiva, si comparamos las obras de Algardi con las de Bernini, ver por ejemplo retratos oficiales como el busto de Luis XIV o más personales como el retrato de Constanza Bonarelli, podemos decir que sería un escultor de segunda, si bien está claro que pocos artistas a lo largo de toda la historia podrían resistir una comparación con el gran Bernini, y cualquiera salvo unos pocos como Benvenuto Cellini, Miguel Ángel, Antonio Canova o Auguste Rodin, parecerían unos segundones.

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