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Desnudo heroico de Napoleón de Canova

Publicado por A. Cerra

El escultor italiano Antonio Canova hizo esta curiosa obra en el año 1810. En ella retrata al emperador Napoleón Bonaparte, algo muy habitual durante el arte Neoclásico. Pero la singularidad de esta obra radica es que nos muestra al emperador desnudo, con una pose que nos remite a la escultura antigua de las civilizaciones griegas y romanas, los grandes referentes del periodo del Neoclasicismo. Y concretamente nos presenta al gobernante francés como si fuera un dios del Olimpo, como un Zeus o Júpiter, los dioses más poderosos de las mitologías griega y romana, respectivamente.

Desnudo heroico de Napoleón de Canova

Desnudo heroico de Napoleón de Canova

Antonio Canova, de hecho se había convertido en el escultor de cámara tras las campañas napoleónicas en Italia, al cual había conocido gracias a la intermediación de la familia Borghese. En este sentido, hay que recordar el exquisito retrato de cuerpo entero que Canova hizo de Paulina Borghese, años después de que realizara esta escultura.

Napoleón admiraba a Canova, no sólo por su indudable maestría artística, sino que también le tenía un gran aprecio personal, ya que le estimaba como un hombre excepcional capaz de distraerle de las monótonas conversaciones que mantenía con burócratas, políticos y militares.

En cuanto a esta obra, artísticamente hablando, se trata de una representación que como ya hemos dicho diviniza al emperador, identificándolo con los dioses más poderosos, aunque también se le podría emparentar con la figura de Marte, dios de la guerra. Y lo vemos con una Victoria en su mano derecha situada sobre la bola del mundo. Sin duda aludiendo a su extraordinario poderío militar y político.

Mientras que en la mano izquierda lleva una lanza, y sobre su hombro cae un túnica antigua, que materialmente sirven de apoyo a la escultura, un recurso ya utilizado a la estatuaria griega, cuya postura también tiene muchos antecedentes clásicos. Bastaría con recordar el Doríforo de Policleto.

Pero no todos los rasgos artísticos de esta escultura remiten al arte más clásico y antiguo. En el desnudo se pueden apreciar características de influencia barroca, algo visible en la estilización del cuerpo. Algo que al mismo tiempo le servía para idealizar el físico de Napoleón, quién realmente no era ni tan alto ni tan esbelto como nos lo presenta la figura. Y el dinamismo de la postura también tiene antecedentes barrocos.

Si bien es cierto, que la gran mayoría de elementos de la obra tienen sus antecedentes en la estatuaria de desnudos de la Grecia Clásica. Volviendo a la comparación con el Doríforo, también aquí se puede ver la diartrosis, es decir, que está con una pierna rígida mientras que la otra se atrasa y está mucho más relajada. Una postura de las extremidades inferiores que se compensa con la posición de los brazos, situados de modo inverso, para equilibrar los pesos de la obra.

En definitiva, como en toda la producción de Antonio Canova, se distinguen todos los elementos de la escultura neoclásica, de la cual este artista es su máximo exponente. Sin embargo, Canova poseía un enorme talento y su arte no quedó tan constreñido a la imitación de lo clásico, como ocurrió con la gran mayoría de sus contemporáneos, y es que en obras como ésta, incluso se puede ver que por la transmisión de sentimientos que vuelca en sus esculturas, de alguna forma está anticipando el arte romántico.

Categorías: Escultura, Neoclásica