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Escultura azteca de Coatlicue

Publicado por A. Cerra
Diosa azteca Coatlicue

Diosa azteca Coatlicue

La escultura de esta diosa de la cultura azteca se conserva en el museo Nacional de Antropología de México y se estima que esta obra se realizó aproximadamente a finales del siglo XV.

Representa a Coatlicue, la diosa madre de los aztecas, la deidad de la Tierra. El término Coatlicue se podría traducir como “la de la falda de serpintes”, y ataviada de semejante forma la vemos en esta escultura.

Por su anatomía, en ocasiones no se ha sabido identificar como divinidad masculina o femenina, una dualidad que los estudiosos suelen llamar “principio de contrarios” y que está muy presente en la estatuaria azteca, que suele unir en un mismo cuerpo elementos propios de ambos sexos.

Si se observa detenidamente la figura, lo cierto es que se pueden ver rasgos iconográficos de carácter muy realista, aunque siempre están cargados de un profundo simbolismo.

Del cuello surgen los cuerpos decapitados de dos serpientes que nos muestran sus cabezas enfrentadas, como si se estuvieran besando. Esta idea del beso, dentro de la sociedad azteca estuvo muy difundida según cuentan los cronistas españoles que llegaron desde fines del siglo XV al continente americano. Éstos narraron que el beso era símbolo de pareja, de acto sexual y por supuesto de la reproducción.

Mientras que en el pecho de la figura se distingue una especie de collar conformado por manos y corazones humanos, unos elementos que remiten inmediatamente a los rituales de sacrificios.

Y en el cinturón, se puede ver un cráneo que tradicionalmente en la cultura azteca tiene un significado vinculado con la muerte.

De este modo, uniendo todos esos elementos los historiadores han interpretado toda esa iconografía como una representación del ciclo sacrificio – muerte y resurrección, básico para entender las creencias del pueblo azteca, en las que se creía que vivían bajo el quinto sol y para que éste siguiese luciendo era imprescindible realizar sacrificios rituales con cierta regularidad.

Además otros estudiosos piensan que las manos y las garras que nos presenta la figura de Coatlicue simbolizarían los cuatro puntos cardinales.

Este caso, como en muchos otros ejemplos de culturas míticas, es un buen ejemplo de cómo a veces el estudio científico se une a la especulación y la fantasía, precisamente por el desconocimiento y las incertidumbres que en ocasiones se tienen. Y todas esas interpretaciones de cada uno de los elementos de la figura, no son certezas sino eso, interpretaciones.

No obstante, la verdad es que en esta escultura aparecen resumidos muchos de los elementos del pensamiento y la religión azteca. Aunque tal vez sea mucho más interesante observar esta escultura como objeto artístico, o sea, estéticamente, y ahí sí que no caben dudas. Se trata de una imagen en la que lo monstruoso aparece monumentalizado hasta lo sublime.