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“Piedad Rondanini” de Miguel Ángel

Publicado por Chus

Esta obra en la actualidad se encuentra en el Museo d`Arte Antica de Milán. Se trata de un grupo escultórico de mármol blanco, de bulto redondo, realizada en los últimos años de vida del autor, hacia 1564, cuando cada vez está más imbuido de una profunda espiritualidad, de reflexiones e ideas y sufre una especie de arrebatos místico-religiosos, por lo que de nuevo se atreve a tocar el tema de la Piedad que ya había trabajado desde su juventud. Representa el fin de su evolución artística, rompiendo los grupos cerrados, triangulares, substituyendo la perfección formal de sus primeras obras por la carga expresiva de esta última, destacando el carácter espiritual de la representación gracias al contraste entre el “finito” y el “non finito”, todo en aras de captar la belleza interior, la plena espiritualización, en este caso la expresión de una unión más allá de la materia entre la Madre y el Hijo.

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La Virgen, extrañamente erguida sujeta el cuerpo de Cristo muerto entre sus brazos, con sus cuerpos alargados deslizantes uno sobre el otro, sin apoyo, en equilibrio inestable. No está muy claro si la Virgen sostiene y soporta el cuerpo de Cristo o si se aprieta a Él, si se desliza con Él. Las cabezas están dobladas y el abrazo de la madre no tiene punto de comparación con la calma de otras piedades. Como si no hubiese espacio, las figuras se encogen en un plano angosto acentuado por las piernas dobladas de Cristo abandonadas a la muerte.

Es una imagen atormentada, de la que desaparece la carne y la musculatura de los cuerpos, son formas secas sublimadas, sin asomos de la búsqueda de lo ideal de su primera obra. Trasciende la gran intensidad dolorosa, la terrible soledad de la Madre y el Hijo, indisolublemente unidos. La composición es verticalizante, inestable. El “non finito” ya no es un símbolo filosófico, como en otras obras, por ejemplo, “Los esclavos” del proyecto de la tumba de Julio II (donde el recurso expresivo de dejar una parte de la obra perfectamente acabada y pulida y otra sin terminar con marcas del cincel, responde al ideal neoplatónico de hacer surgir de la fuerza bruta la pureza, de cómo el hombre se libera de la materia y aparece el espíritu), sino un recurso expresivo en sí mismo. La estructura piramidal de la Piedad del Vaticano está destruida por la frontalidad dramática de origen medieval que antes ya anunció en otra de sus “Piedades”, la de Palestrina.

La composición es desequilibrada, ya que las figuras están escurriéndose. Es una culminación del manierismo, con el alargamiento extremo de las figuras, que parecen prácticamente flotar, totalmente alejadas de la “terribilitá” de otras de sus obras anteriores.

Con Miguel Ángel el equilibrio entre la forma bella y el movimiento expresivo (más propio del Quattrocento) culmina y se rompe en favor del movimiento. Con él se llega al fin de una época, ya que marca los comienzos de otra. La tensión de su vida y su obra termina por desbordarse en gestos y actitudes delirantes. El manierismo tomará esta vía como vehículo de expresión.

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