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Tumba de Urbano VIII de Bernini

Publicado por A. Cerra

Esta es otra de las muchas obras que realizó Gianlorenzo Bernini en la Basílica de San Pedro del Vaticano. En este caso la tumba de un Papa, Urbano VIII, para el que trabajó en numerosas ocasiones y para el que por supuesto hizo el diseño de su monumental tumba, un trabajo en el que invirtió varios años, casi 20, porque trabajó en ella de 1628 hasta 1647.

Tumba de Urbano VIII de Bernini

Para inspirarse en estas formas, tan dinámicas como es habitual en la escultura del Barroco, es más que posible que se inspirara en la Tumba de Pablo III, proyectada por Guiglielmo della Porta, y donde se crea un juego de policromía muy interesante.

De ahí que Bernini utilizase aquí principalmente dos materiales, el mármol y el bronce, que hasta el periodo barroco se solíam utilizar exclusivamente por separado.

No obstante, la maestría de Bernini está a años luz de la de della Porta, ya que nuestro escultor es capaz de equilibrar mucho mejor la tensión y los juegos entre las áreas oscuras y las blancas. Y no solo eso, sino que con ellas quiere comunicar un mensaje concreto.

Toda la porción central del conjunto es oscura, usando para ello el bronce que incluso se ha dorado parcialmente. Esa zona central es el propio sarcófago, la figura a tamaño natural que representa a la Muerte y la estatua homenaje a Sumo Pontífice. Es decir, en el centro y en tono oscuro están todos los elementos más vinculados con el monumento de carácter funerario propiamente dicho.

Mientras que en el blanco del mármol aparecen otro tipo de representaciones, todas ellas en los laterales y enmarcando la parte central. Se trata de figuras alegóricas que vienen a representar la Caridad y la Justicia. Y que sean claras no es solo por una cuestión estética, también tiene su significado, ya que se supone que son virtudes que hacen iluminan la vida en este mundo.

Incluso el tratamiento es diferente a las formas modeladas en el bronce. Son alegorías en las que se aprecian reacciones humanas y que tienen una calidad de textura mucho más sensual. De alguna forma actúan como una especie de intermediadores entre el espectador y el difunto homenajeado, el cual por su color y actitud parece alejarse de nosotros.

El hecho es que como en tantas otras cuestiones artísticas del siglo XVII, con la Tumba de Urbano VIII el gran Gianlorenzo Bernini creó un nuevo tipo de monumento funerario para los Papas de Roma, plasmando en ello una singular mezcla entre lo conmemorativo y lo ceremonial.

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