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Museo del Traje: Centro de Investigación del Patrimonio Etnológico
Virginia el 21 de Noviembre de 2006 a las 07:51 pm
Quizá sean los centros de estudio, conservación y muestra del patrimonio etnológico, de entre todas las clases de museos expuestas con anterioridad, los que menos atractivos suelen resultar al gran público, bien por su temática, en ocasiones alejada de los intereses generales del visitante y este suele ser su punto flaco, por la propuesta expositiva de los mismos.
Sin embargo, el esfuerzo que en los últimos años se está realizando para “dignificar” dichos espacios va en aumento. Cada vez es más frecuente encontrar pequeños museos etnológicos donde las propuestas se alejan de aquellos montajes de carácter casi provisional que, en ocasiones, incluso pecaban de ingenuos. La importancia que ostenta este patrimonio, considerado por algunos como “menor”, se hace visible en el hecho de que es posible destacar, de entre el conjunto de grandes museos estatales, centros como el reciente Museo del Traje, entre otros.
Son varias las fases cronológicas a lo largo de las cuales ha tenido que ir adaptándose la idea original del proyecto hasta alcanzar su materialización en el actual centro, siendo el punto inicial de este periplo la Exposición del Traje Regional, celebrada en 1925 y donde ya se barajó la posibilidad de fundar un museo del traje.
En 1927 se creará una Junta del Patronato del Museo del Traje regional e Histórico, a cargo de la cual quedarán los fondos y la creación del susodicho museo, pero finalmente, y tras varias reubicaciones temporales de la colección, ésta acaba formando parte de los fondos del inicial Museo del Pueblo Español.
Debido al poco interés que suscitó el museo y a su consecuente y posterior clausura, la colección vuelve a desmantelarse y rodar por diversas instituciones hasta que, a comienzos del s.XX los fondos del Museo del Pueblo Español, junto con los constituyentes del Museo Nacional de Etnología, pasarán a integrarse en el Museo Nacional de Antropología.
Finalmente, en 2004 se decide materializar, en un edificio concebido en principio para ejercer como museo de arte contemporáneo, el Museo del Traje, Centro de Investigación del Patrimonio Etnológico.
Lo cierto es que la riqueza de sus fondos, acrecentados gracias a las numerosas donaciones realizadas a lo largo de los años, bien lo merecía: prendas que abarcan un periodo cronológico de cinco siglos (del s.XVI al XX), alta costura de la mano de Balenciaga, Pertegaz o Elio Berhanyer, sin contar con la colección perteneciente en su día a Fortuny y Madrazo o los vestidos de Audrey Hepburn, se dan la mano con joyas y adornos diversos, piezas de distintos tejidos y una desigual colección de objetos a clasificar dentro de la cultura popular.
No hay que olvidar que, aparte la colección permanente, el museo presenta un programa de exposiciones temporales, así como una agenda de actividades didácticas, tales como talleres, cursos o conferencias.

Son los museos de ciencias los que más visitantes reciben al año (y los que más satisfactorios suelen resultar), para sorpresa de aquellos que tienen conocimiento de dicho dato por primera vez. El porqué es bien sencillo: en los centros pertenecientes a dicha tipología la consigna a seguir es “por favor, toquen/experimenten”, en contra de lo que sucede en el resto de los museos. Y es que hay que tener en cuenta que, por un lado, el tema lo suele permitir y, por otra parte, es más fácil demostrar ciertas leyes de la física, por ejemplo, que explicarlas con palabras.
Desde el principio, el fin a alcanzar del museo, como institución al servicio del conocimiento y la divulgación de la ciencia, ha sido claro. Y a este fin están encaminadas sus propuestas en la actualidad, dentro de un servicio destinado a acercar al gran público el conocimiento científico de una manera comprensible y a estimular la curiosidad de los más jóvenes por esta rama del saber.
Su biografía es conocida de forma muy parcial. Comenzó sus trabajos en el 470 a.C. Trabajó como director de todas las obras bajo la supervisión del gobernante Pericles, durante la reconstrucción de Atenas. Fidias es conocido por la técnica de los paños mojados.
En estos momentos de exaltación de la categoría de modernidad que un museo de esta clase otorga al espacio en el que se ubica, en ocasiones fruto de una decisión política no basada en una adquisición coherente o propiedad previa de obras, el museo de arte contemporáneo Reina Sofía puede presumir de ser una de las instituciones españolas con un catálogo de piezas único y envidiable.











