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Abadía en el encinar y Monje en la orilla del mar, Friedrich

Publicado por Laura Prieto Fernández

Pocos artistas han sabido captar mejor que Gaspar Friedrich el sentimiento de la pintura romántica que este artista de origen alemán. Friedrich antepone en sus composiciones las naturalezas a los personajes demostrando de esta manera la insignificancia del hombre en el mundo que le rodea; sus obras son la respuesta de sus sentimientos a la existencia del hombre de forma que el artista lleva a cabo una pintura personal reflejo de sus propias inquietudes.

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En esta ocasión el artista nos presenta dos obras que según los historiadores del arte Friedrich plantearía dentro de una misma composición haciendo pareja: Abadía en el encinar y Monje en la orilla del mar. El artista ya había revolucionado el panorama artístico de su época cuando presentó obras como Niebla en la Montaña, en el Salón de la Academia de Berlín de 1810 el artista volvió a transgredir los límites del arte. Ambos lienzos suscitaron grandes críticas entre los entendidos pero a la vez, llamaron la atención poderosamente e hicieron de Friedrich una de las figuras artísticas del momento que era admirada y odiada a partes iguales. El monarca Federico Guillermo IV de Prusia se hizo con ambas obras y en la actualidad ambas se encuentran expuestas en la Antigua Galería de Arte de Berlín.

Ambas pinturas están realizadas en óleo sobre lienzo, con formato horizontal y unas medidas que rondan los ciento setenta centímetros de anchura y poco más de metro diez de altura. En la Abadía en un encinar el artista nos presenta los restos de una construcción de estilo gótico que emergen entre los troncos y ramas de encinas desnudos. Parece ser que el artista puedo inspirarse en los restos de la Abadía de Eldena en la región de Pomerania. Completando la escena aparecen unas pequeñas tumbas frente a la puerta de la abadía y unos diminutos personajes que se dirigen a ellas en una especie de silenciosa procesión. El tamaño de estos personajes –que parecen ser monjes- lleva a ser tan pequeño que, apenas son nada más que pequeñas manchas negruzcas sin ningún detalle o caracterización. Algunos autores establecen una comparación entre la obra de Friedrich y el poema de un escritor contemporáneo de modo que la obra representaría el tránsito entre la región natural y la cristiana.

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Por su parte El Monje frente a la orilla del Mar es un lienzo en el que el artista lleva el paisaje hasta sus últimas consecuencias; se trata de una escena marina que lo engulle todo, el personaje apenas es un pretexto en la composición. En una especie de playa o arenal, el artista nos presenta la figura de un monje situado en la orilla del mar. Un mar que es oscuro y negruzco, que evoca a la inmensidad pero también a lo desconocido. El cielo por su parte es el protagonista de la composición llegando a ocupar casi todo el lienzo; las nubes oscuras se agolpan en la línea del horizonte haciéndose cada vez más claro a medida que se asciende hacia la luz en una sutil metáfora.

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