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Adriana Van Heusde, Emmanuel de Witte

Publicado por Laura Prieto Fernández

Suele pasar cuando nos referimos a pintores que, en muchas ocasiones los artistas acaban especializándose en un género pictórico en concreto o incluso, en una temática en particular. De este modo, el artista pinta un sinfín de obras bajo la misma temática y acaba convirtiéndose en un verdadero especialista; quizás por ello sea conveniente que para conocer verdaderamente la capacidad artística del pintor se estudie una obra ajena a su especialidad, esto es precisamente lo que vamos a hacer con el pintor barroco Emmanuel de Witte.
Emmanuel de Witte (1617 – 1691) fue uno de los mejores representantes de la conocida escuela de Delft, desde donde desarrolló un preciosista gusto por las escenas de interior y más en concreto por el interior de las iglesias. El artista tuvo una vida tumultuosa, su primera mujer murió muy joven y el artista se casó en segundas nupcias con una joven de dudosa reputación; además, el carácter de Emmanuel para con sus clientes tampoco resultaba fácil y acabó teniendo más de un problema con los que eran sus mecenas. Como bien señalábamos anteriormente, el artista se especializó en representar interiores de iglesias de hecho, cada rincón o perspectiva de la Catedral de Ámsterdam fue representada por el artista.

Sin embargo, en esta ocasión analizaremos un cuadro distinto, que se ambienta en un exterior y que representa a la mujer e hija de uno de sus comitentes, se trata del lienzo Adriana Van Heusden y su hija en un puesto del mercado de pescado. Se trata de un óleo sobre lienzo realizado en torno al año 1662; se trata de un cuadro de formato horizontal y pequeñas dimensiones, tan solo mide sesenta y cinco centímetros de ancho y poco más de cincuenta y siete de altura.

En él se representa a la mujer recogiendo el pescado que le entrega la dependienta en una extraña postura, casi girada que evita el contacto visual entre ambas mujeres. Detrás de las faldas de su madre asoma una niña de unos seis o siete años, su hija, que aparece representada con un gesto vergonzoso. En cuanto a la vendedora encontramos una representación un tanto apática, que en realidad no muestra ningún tipo de gesto.

Por el contrario merece la pena destacar el virtuosismo con el que el artista ha representado el puesto de pescado que ocupa casi todo el primer término de la composición; la calidad con la que representa a los animales muertos como si se tratase de un auténtico bodegón en este sentido, no debemos olvidar que una de las especialidades del artista eran las escenas de género.

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