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Arte Cretense (II): la pintura

Publicado por Laura Prieto Fernández

La pintura desarrollada por la civilización minoica está, igual que ocurría con la arquitectura, muy ligada a la forma de vida de la sociedad que le vio nacer. No debemos obviar el hecho de que la cultura minoica se desarrolló a partir de un pueblo eminente agrario que prosperó gracias al comercio con otros imperios como Mesopotamia y Egipto.

Así no resulta extraño que podamos encontrar en la pintura minoica una doble vertiente: por un lado la inspiración en temas naturales ya que estos fueron durante mucho tiempo su principal medio de vida; por otro lado no resulta extraño pensar en que las relaciones entre las diversas culturas influyeran en las manifestaciones artísticas de los distintos pueblos y de hecho así es como ocurrió.

Aunque la pintura minoica tiene una identidad propia se hace patente los ecos de ciertas influencias como los frescos egipcios del Imperio Nuevo o las pinturas del Palacio Mari de Mesopotamia, en ambos caso apreciamos una técnica semejante en la realización de las obras si bien su temática y composición es muy distinta.

cnosos

En Creta la pintura está fuertemente ligada a la arquitectura por ello las principales manifestaciones pictóricas se realizan a través de frescos. Los pigmentos son minerales naturales disueltos en una solución acuosa y se aplican sobre un muro de estuco. En ocasiones se ha utilizado el relieve para proporcionar a la obra mayor tridimensionalidad y en escasos ejemplos se han encontrado incrustaciones en las piezas.

En cuanto a la temática, la pintura minoica parece no alejarse de las representaciones religiosas tan habituales en Egipto y Mesopotamia. Son bellas ilustraciones con motivos animales y vegetales donde dominan las procesiones, guirnaldas… el ritmo y la proporción que se presenta en esta época será quizá el aspecto más destacable e innovador de la pintura.

En esta época también se observa una evolución de las formas desde aspectos más arcaicos, ligados a la tendencia egipcia, como el hieratismo, la rigidez, la frontalidad… hacia una mayor naturalidad; destaca muy especialmente el movimiento a galope con el que se han representado algunos animales y que recibe el nombre de galope minoico.

En cuanto a las representaciones humanas es común que tanto hombres como mujeres sean representados con la indumentaria típica de la época y en actitudes muy diversas que se especifican a través de sus gestos. La volumetría en los cuerpos ha sido conseguida a través de la gradación de las tonalidades.

Las manifestaciones pictóricas se reservaban para las decoraciones palaciegas o las casas privadas, y no es común encontrar frescos en los lugares de enterramiento. Las pinturas decoraban las habitaciones principales, los salones y corredores destacando especialmente aquellos lugares más visibles.

De entre los mejores ejemplos que han llegado hasta nuestros días cabe destacar las representaciones del Palacio de Cnosos y muy especialmente la de El Príncipe de los Lirios: un joven atlético que camina entre un campo de lirios junto con una mariposa que revolotea a su alrededor, aunque no se sabe con seguridad algunos historiadores creen que podría tratarse de una representación del rey Minos.