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Autorretrato con Saskia de Rembrandt

Publicado por A. Cerra

Esta obra al óleo y con soporte de tela la pintó Rembrandt van Rijn en el año 1635, y en la actualidad forma parte de la colección del Museo de Dresde en Alemania.

Rembrandt se autorretrató en numerosas obras a lo largo de su vida, en ocasiones en solitario, y otra veces, como esta vez acompañado.

Autorretrato con Saskia de Rembrandt

Autorretrato con Saskia de Rembrandt

Todos los historiadores que han estudiado la enorme producción de obras de este genio holandés del arte barroco, no han dejado de sorprenderse por el elevado número de obras en las que se representó.

Es habitual en los pintores históricos que al menos una vez se autorretrataran, a veces incluidos en una escena o como retrato propiamente dicho. La razón es que los artistas al pintar un rostro no buscan únicamente el parecido con la realidad, sino que pretendían que la pintura de unas facciones fisionómicas y unas expresiones les permitiera plasmar el carácter de ese personaje y su mundo interior, y sin duda a quién mejor conocen para ello es a sí mismos.

En este sentido, los muchos autorretratos de Rembrandt nos permiten conocer la evolución de su personalidad con el paso del tiempo, y desde luego conocer algunos de los episodios más relevantes de su biografía, como en este caso el matrimonio con su amada esposa Saskia.

De hecho, en este caso es una de las pocas ocasiones en las que Rembrandt se pinta a sí mismo sonriendo y feliz, celebrando la vida, bebiendo una cerveza y con su mujer sentada a las rodillas, dándose la vuelta y como sorprendiéndose de que están siendo pintados. Casi como si se les hiciera una fotografía de manera totalmente espontánea durante una fiesta, ya que toda la decoración, los lujosos vestidos de ambos personajes, el banquete que hay sobre la mesa, nos los ubica en un momento de celebración.

En realidad, Rembrandt no solo posó para él muchas veces, también lo hicieron tanto su primera esposa Saskia como su hijo Titus, cuyo retrato se supone que protagoniza su obra La novia judía. Y más tarde, también su segunda mujer Henridkje, igualmente aparecería en sus obras. Sin duda, esas presencias tan recurrentes de familiares, es algo muy corriente en muchos pintores de todos los tiempos. Por una parte hay que entenderlo por razones económicas y de comodidad, es decir, no había que contratar modelos profesionales, siempre estaban dispuestos a posar, y además con ellos se podían experimentar composiciones o técnicas que quizás no serían aceptadas en encargos remunerados. Pero además en obras como esta, de un carácter tan festivo, elegir a la esposa como modelo de la obra también es una muestra de amor y de homenaje.

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