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Autorretrato de Delacroix

Publicado por A. Cerra

Los autorretratos han existido desde que el arte es arte, a veces en imágenes individualizados que algunos autores se hicieron en numerosas ocasiones, de entre los que destaca el pintor alemán y renacentista Albert Durero. Y otra forma histórica de autorretratos es camuflarlos en escenas más complejas como puede ser el caso de Diego Velázquez en sus famosas Meninas.

Autorretrato de Delacroix

Autorretrato de Delacroix

No obstante, los autorretratos van a ser especialmente abundantes a partir de la época romántica, ya que es un momento en el que los artistas cada vez trabajan menos por encargo y mucho más para sí mismos. Y lógicamente si los autorretratos son habituales en el Romanticismo, es obvio que el pintor más emblemático de este movimiento artístico, el francés Eugene Delacroix, también se iba a autorretratar.

Así lo vemos en este lienzo pintado al óleo hacia el año 1839 y que hoy se conserva en el Museo del Louvre de París, donde está la gran mayoría de su obra.

Delacroix decía que a nadie se conoce tan bien como a uno mismo, por esa razón el mejor modelo posible para un retrato intimista es el propio pintor. Sin olvidar, que no hay norma alguna a la hora de afrontar y ejecutar el trabajo, ya que no hay ningún encargante del que preocuparse de dejar satisfecho con el resultado final de la imagen.

Y, ¿cómo se nos presenta Delacroix? La verdad es que nos proporciona la impresión muy similar a la que dio a sus contemporáneos, ya que se le tenía como un hombre un tanto inquietante, tanto por su carácter como también por sus rasgos fisionómicos, sobre todo por su afilada mirada, que algunos calificaban de salvaje, y también su mandíbula implacable. No hay que olvidar que uno de los escritores más famosos de aquellos años, Charles Baudelaire lo adjudicó el sobrenombre de “El Tigre”.

De alguna forma todo eso lo podemos ver en esta potente imagen que nos proyecta de sí mismo, ya que se nos muestra como un tipo de apariencia elegante, pero con una pose que transmite de forma inmediata energía y voluntad, incluso desdén hacia el espectador, un rasgo también muy acusado de su personalidad y su acentuado ego.

Categorías: Pintura, Romanticismo