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Belisario, David

Publicado por Laura Prieto Fernández

Jaques Louis David es una de las figuras más destacadas de la estética neoclasicista, de hecho el pintor se convirtió en uno de los artistas más representativos de este estilo y su figura fue admirada y copiada a partes iguales. Pese a que la mayoría de sus obras se pueden encuadrar perfectamente en el estilo neoclásico, en sus primeros lienzos podemos observar la evolución desde un estilo menos definido y personal, en el que se asoman los ecos del gran pintor que llegará a ser pero que aún permanece ligado a la tradición.

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En esta ocasión, analizamos una de esas primeras obras que lleva por título Belisario pidiendo limosna. Jaques Louis David (1748 – 1825), más conocido sencillamente como David, se quedó pronto huérfano de padre por lo que su madre acudió a la ayuda de sus tíos para criar al muchacho. Su tío era un próspero arquitecto parisino que le confirió al joven una buena educación esperando que su único sobrino siguiese sus pasos. Sin embargo el muchacho pronto destacó por sus habilidades por la pintura, el único campo que llamaba su atención.

David ingresó en el taller de Boucher quién lo puso a las órdenes de su colega Joseph M. Vien. En la década de los setenta el artista intentó ganar el premio de la Academia para ir a estudiar a Roma pero no fue hasta su quinto intento cuando el artista logró la beca para estudiar a los clásicos. En el año 1781 David regresa de Italia y expone dos obras en el Salón Oficial celebrado aquel mismo año, un hecho que le otorgará gran fama. Una de esas obras se trata de Belisario, una composición de gran tamaño –el lienzo mide más de dos metros y medio de altura y tres de anchura- en el que el artista ha representado un tema de historia.

Belisario fue un comandante del ejército de Justiniano imprescindible en su derrota contra los vándalos del Norte de África, pero posteriormente por desavenencias con el emperador el militar fue cegado expulsado del ejército por lo que se quedó en la miseria. El artista recoge un momento dramático de la vida de Belisario, cuando cegado y con un niño pequeño en brazos pide limosna mientras uno de sus soldados se sorprende al reconocer en él a su antiguo dirigente. Completando la composición una mujer que se apiada del anciano y el niño se acerca a ellos para darles limosna.

En las figuras de Belisario, el niño y el soldado se aprecia una referencia a las tres edades del hombre, mientras que los mendigos con la mujer hacen una referencia a la figura de la piedad. La arquitectura del lienzo es plenamente clasicista sin embargo, en el paisaje del fondo aún se puede apreciar los ecos de la pintura rococó con una superposición de capas pictóricas así como por el cielo nublado y encapotado, muy del gusto teatral que se estilaba en aquella época y que paulatinamente se irá perdiendo con la nueva estética neoclásica.

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