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Bodegón de besugos y naranjas de Meléndez

Publicado por A. Cerra

Luis Meléndez (1716 – 1780) es un buen ejemplo de como a lo largo de todos los tiempos algunos pintores extraordinariamente dotados para realizar su arte no llegaron a triunfar. Por ejemplo, este artista se ganó la vida durante muchos años como miniaturista en Madrid. Sin embargo, él ansiaba convertirse en pintor de la corte. Algo que jamás consiguió. De hecho acabó muriendo completamente pobre y lo máximo que logró fue realizar por encargo del rey Carlos IV unos cuarenta bodegones. Entre ellos, este de Besugos y naranjas que forma parte de los fondos del madrileño Museo del Prado.

Bodegón con besugos y naranjas de Luis Meléndez

Este lienzo, como casi todos sus bodegones, sobre todo transmite realismo y sencillez. Se trata de un pintor que huía de los artificios y de los abusos de color. Podemos ver que todo el cuadro está dominado por los colores ocres, tostados y grises, y sobre ellos llaman la atención el tono de las naranjas y el rojo de los ojos y las aletas de los peces.

También es interesante ver como ilumina todo el bodegón. Coloca todos los elementos sobre un fondo oscuro, cuya neutralidad inmediatamente instala el protagonismo en los alimentos y enseres que hay sobre la mesa. Si bien, la mayor luz recae sobre el primer plano donde se encuentra los besugos, en el centro, las naranjas a la derecha, y una cabeza de ajos a la izquierda.

Esta iluminación proviene de un punto indeterminado que estaría fuera del cuadro, y además elevado. En realidad es como el punto de vista que ha elegido para pintar esta naturaleza muerta, ya que todo se representa desde un punto de vista alto, es decir una perspectiva aérea le permite dar profundidad a la escena.

Tal elevado es ese punto de vista que podemos ver incluso el fondo de la mesa, sobre la que coloca en distintos planos cada elemento. Y al mismo tiempo nos presenta una estructura casi piramidal, contraponiendo tamaños y colores, para concentrar en el centro de la tela aquello que cree más importante.

Ya hemos dicho que Luis Meléndez había trabajado muchos años como miniaturista, así que cuando pintó todo este encargo de bodegones, en el año 1772, dominaba todas las técnicas posibles para plasmar hasta el más ínfimo detalle. Y si miramos con mucha atención el cuadro, e incluso con una lupa se puede apreciar que llegó a pintar los defectos en ciertas partes de la tabla de madera, o los hilos del saco que envuelven las naranjas, o las escamas de los dos besugos.

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