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Bóveda de la Capilla Sixtina 1

Publicado por A. Cerra

La obra de arte por antonomasia. Cada vez que se quiere declarar que una obra es la mejor de su tiempo se dice “tal es la Capilla Sixtina del arte cual”. Y es que esta obra realizada por Miguel Ángel Buonarrotti entre los años 1508 y 1512 es ciertamente inagotable. Cada vez que se contempla se aprecian nuevos detalles, todavía más tras la restauración que le devolvió sus intensos colores. Y no hay que olvidar que las pinturas al fresco realizadas en la bóveda tienen su espectacular complemento en la pared donde también Miguel Ángel pintó 25 años después el Juicio Final.

Conjunto de la bóveda de la Capilla Sixtina

Conjunto de la bóveda de la Capilla Sixtina

Respecto a la bóveda fue un encargo que recibió por parte del Papa Julio II, uno de sus grandes benefactores. Para este pontífice realizó numerosas obras, pero la que nunca acabó como estaba previsto fue su tumba, ya que los planes que Miguel Ángel le presentó a Julio II para su mausoleo nunca se completaron. No obstante, de aquello nos han llegado algunas esculturas que iba a formar parte de él, como el famoso Moisés o los Esclavos.

Pero volviendo a las pinturas murales de la Sixtina. Aquí Miguel Ángel plantea un conjunto que alía arquitectura y pintura, algo que debía cuadrar con otras pinturas ya existentes en la sala, que habían realizado Sandro Botticelli y El Perugino, los cuales había presentado la vida de Cristo y de Moisés.

Así que el pintor y el Papa deciden que en el techo estén los episodios bíblicos anteriores. Esto lo concibe con lo que se llamó en su tiempo la “quadrattura”, es decir, crea recuadros y espacios para la pintura y para cada escena.
En ellos nos presenta diferentes personajes bíblicos, al igual que hace en sus obras escultóricas, Miguel Ángel se nos presenta como un maestro de la anatomía, y en el profundo conocimiento del cuerpo humano basa su pintura y sus formas.

Crea fuertes relieves, casi bultos redondos, pese a que estamos hablando de las dos dimensiones de la pintura. Y eso lo consigue por los contrastes de claroscuro y no tanto por los colores. Pero su pretensión es que esas formas anatómicas le sirvan para plasmar el movimiento, la energía, la acción.

Todo el conjunto nos plantea su visión de un mundo heroico. Todo es majestuoso, evidentemente muy clásico y también muy escultórico, lo cual es muy curioso ya son formas que no coinciden especialmente con personalidad depresiva y su visión pesimista del mundo. Tal vez en eso radica su dramatismo.

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