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Deposición en el sepulcro, Van der Weyden

Publicado por Laura Prieto Fernández

En algunas ocasiones un autor tiene una obra tan icónica que resulta difícil pensar en ese pintor o escultor y no hacerlo también en su obra, así por ejemplo al pensar en Leonardo da Vinci tradicionalmente lo asociamos a la Gioconda o a miguel Ángel con el David, pues bien el autor que aquí analizamos también cuenta con una obra tan icónica que al pensar en él pensamos en su pintura automáticamente, de esta manera el nombre de Roger Van der Weyden queda automáticamente unido al de su Descendimiento de la cruz que se exhibe en el Museo del Prado.

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Sin embargo, hoy analizaremos una obra posterior y que a pesar de ser igualmente impresionante es menos conocida para el gran público, se trata de la deposición en el sepulcro que se exhibe en la Galería de los Uffizi de Florencia. Roger Van der Weyden o Roger de la Pasture como también se le conoce es uno de los mejores representantes de la escuela flamenca. Parece ser que el artista se formó en el taller de Robert de Campin y pese a que su vida está lo suficientemente documentada no ocurre lo mismo con su obra que es todo un misterio y no hay un catálogo de obras firmadas por el artista de modo que las atribuciones se hacen en función de las pocas obras que parecer seguras de Roger Van der Weyden.

En esta ocasión nos encontramos ante una pieza de formato vertical pintada en óleo sobre madera que data de mediados del siglo XV, concretamente del año 1450. Parece ser que la obra pudo encontrarse hasta la década de los ochenta en la capilla Careggi y que pudo ser patrocinada por la familia Médicis. En realidad, han surgido numerosas hipótesis acerca de la procedencia de esta tabla: Vasari plantea que sea una obra de Hans Memling y otros autores hablan de que se fuese una tabla encargada por la familia D´Este.

Sea como fuere lo cierto es que el esquema utilizado por el artista nos remite a obras de Fran Angélico, concretamente a una Piedad que sigue este mismo esquema piramidal. En el centro de la composición aparece el cuerpo sin vida de Jesucristo mientras que su Madre y San Juan Evangelista sostienen sus manos repitiendo la misma postura que tenía en la cruz. En frente y arrodillada encontramos la figura de María Magdalena mientras que tras Jesús aparecen las figuras de José de Arimatea con espectaculares ropajes de ricos encajes y Nicodemo donde el autor ha querido representar –o al menos eso plantean algunos estudios- el retrato de Cosme el Viejo.

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