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Descanso en la huida a Egipto, Gerard David

Publicado por Laura Prieto Fernández

Son muchos los artistas que, pese a que su obra haya sido técnicamente correcta con un dibujo minucioso y un colorismo brillante nunca han llegado a perfilarse como grandes maestros dentro de la historia del arte; el caso que hoy analizamos es uno de esos pintores cuya genialidad no ha sido especialmente reconocida, quizás porque su pintura era demasiado similar a otros estilos ya consolidados en el campo artístico o porque sencillamente la grandeza de unos artistas acaba eclipsando a otros.

Gerard David (1460 – 1523) formó parte del conocida grupo de pintores flamencos que desarrollaron su arte en el Norte de Europa y que en ocasiones resulta difícil encuadrar entre el estilo gótico y el renacentista. El artista se formó en Brujas y tras el fallecimiento de Memling, se posicionó como uno de los principales pintores de su tiempo.

La obra que aquí analizamos lleva por título El descanso de la Huida a Egipto; en realidad, el episodio de la huida es uno de los más famosos y más representados en el mundo del arte, extraído del evangelio de San Mateo, sin embargo, la representación del descanso en la huida que también fue muy popular ha sido extraído de los Evangelios Apócrifos.

La obra conservada en el Museo del Prado fue pintada en torno al año 1515 y se trata de un pequeño cuadro de apenas sesenta centímetros de altura y cuarenta de anchura realizado en óleo sobre tabla. En él el artista ha unificado distintas temáticas: por un lado, en la representación central encontramos el descanso que a su vez se configura como si de una Virgen de la leche se tratase ya que María aparece en primer plano alimentando de su pecho al Niño Jesús, además al fondo entre los árboles de la derecha se puede observar el episodio de la huida.
La obra tiene grandes deudas con artistas como Jan Van Eyck del que Gerard David ha tomado el concepto de Virgen entronizada pero también de artista renacentistas como Leonardo, con ese sfumato al fondo de la composición que desdibuja los contornos.

La obra de David, no fue fruto de ningún encargo más bien parece ser que el artista realizó un buen número de cuadros con esta misma temática ya que tendrían una buena salida en el mercado de arte -son temas amables y que invitan a la devoción- por lo que se han encontrado distintas piezas con esta misma temática y pequeñas variaciones con respecto unas a otras; así encontramos obras muy parecidas en el Metropolitan Museum de Nueva York o en la National Gallery de Washington.

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