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Dos interpretaciones del Amor por Correggio (I parte)

Publicado por Laura Prieto Fernández

En la historia de la pintura podemos encontrar distintas representaciones del amor, pero sin lugar a dudas en la etapa renacentista lo más común era diferenciar entre el amor carnal más sensual y terrenal y el amor platónico de corte idílica y con un carácter mucho más intelectual. En la entrada de hoy analizaremos bajo los pinceles de un mismo artista las dos representaciones de amor que además han sido plasmadas en lienzos de temática mitológica.

Antonio Allegri da Correggio (1494 – 1534) más conocido simplemente con el nombre de Correggio fue uno de los artistas más representativos del manierismo italiano. En realidad, no son muchos los datos concretos que conocemos acerca de su vida, pero parece ser que el artista nació en la localidad de Correggio y fue en Mantua donde conoció los trabajos de Leonardo da Vinci o Andrea Mantegna que tanto le influyeron; también viajó a Roma donde pudo apreciar el realismo de las piezas de Miguel Ángel y Rafael.

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En segunda mitad de la década de los veinte, el artista realizó las dos obras que aquí analizamos. La primera que comentaremos se conoce como Venus y Amor descubiertos por un sátiro, aunque también puede aparecer con el nombre de Júpiter y Antíope ya que hasta mediados del siglo XVIII se pensaba que la pieza representaba el episodio amoroso del padre de los dioses. Según se creía la obra representaba a la bella Antíope que descansa junto a Cupido mientras es observada incestuosamente por Zeus que ha adoptado la forma de un sátiro. Con todo, los expertos rechazan en la actualidad esta interpretación y más bien abogan a que la obra de se exhibe en el Louvre de París debe de representar a Venus junto con su hijo que descansan plácidamente mientras son sorprendidos por un sátiro.

Sea como fuere, lo cierto es que la obra presenta una composición claramente manierista: los personajes adoptan posturas imposibles, se retuercen y resbalan mostrando escorzos y diversas posturas en las que el pintor demuestra su maestría en el dibujo. En la figura del sátiro podemos apreciar un guiño miguelangelesco con una musculatura muy marcada al igual que lo hiciese el genio Buonarroti en sus últimas piezas.

La luz es el detonante que mejor modela las figuras de esta composición, por un lado, recrea esa sensación de claroscuro, que el artista pudo tomar de las obras de Leonardo da Vinci; las figuras de Venus y cupido aparecen completamente bañadas por una luz dorada que se difumina hacia el fondo dejando el resto de la composición en oscuridad.

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