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El baño de Diana, Vermeer

Publicado por Laura Prieto Fernández

Cuando pensamos en las pinturas de Vermeer siempre viene a nuestra mente imágenes intimistas que plasman con gran acierto la Edad de Oro neerlandesa; muchas de sus obras parecen desarrollarse en la misma habitación, un marco de excepción que lo mismo le sirvió para representar su famosa Lechera como al Geógrafo o a la Mujer con collar de perlas. Sea como fuere lo cierto es que para cualquier interesado en el mundo del arte Vermeer es uno de esos artistas que un supo hacer de una sencilla temática un gran lienzo.

Johannes Vermeer (1632 – 1675) fue uno de los artistas más destacados del barroco neerlandés, en su producción se han contados unas pocas decenas de cuadros, aunque bien se sabe que, en realidad, el artista debió de pintar alguno más -lamentablemente hoy perdido- pero siempre trabajando bajo un encargo previo lo que hizo que su producción resultase bastante reducida. Vermeer empezó realizando cuadros de historia, pero por lo que realmente fue conocido fue por sus lienzos intimistas, aunque en esta ocasión analizamos un cuadro completamente diferente y que no parece sacado de los pinceles del artista barroco, un cuadro mitológico.

La obra que aquí analizamos lleva por título Diana y sus compañeras y se trata de un óleo sobre lienzo de poco más de un metro de anchura y noventa centímetros de altura; está realizado en óleo sobre lienzo y data de mediados del siglo XVII, concretamente estaríamos hablando del año 1656. En realidad técnicamente hablando, la obra no está demasiado lograda ya que el artista ha cometido algunas imperfecciones, esto hizo que el lienzo fuese atribuido a Nicolaes Maes hasta el siglo XIX.

Vermeer se basó en las Metamorfosis de Ovidio para realizar el lienzo que ahora analizamos. En él vemos a la diosa de la caza Diana para los griegos o artemisa para los romanos, dispuesta a tomar un baño acompañada por sus ninfas tras una larga jornada de caza. Diana era el prototipo de la castidad por lo que ningún hombre podía verla desnuda, sin embargo, Acteón, nieto del rey de Tebas, entró a la gruta donde se bañaba Diana y la sorprendió desnuda. Como castigo la diosa lo convirtió en ciervo y éste acabó devorado por sus propios ciervos.

El artista, no obstante, se ha centrado en la temática del baño dejando de lado el castigo. La escena se desarrolla en el atardecer, con luces y sombras que inciden en las mujeres. En primer plano aparece Diana vestida de amarillo mientras una de sus ninfas le lava los pies.

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