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Incendio del Borgo, Rafael

Publicado por Laura Prieto Fernández

El incendio del Borgo es una obra pictórica realizada con técnica al fresco por el artista italiano Rafael de Sanzio. En realidad la obra fue ejecutada por el taller del Rafael más que por él mismo, así parece ser que el de Urbino realizaría los dibujos preparatorios del fresco mientras que la ejecución del mismo correría a cargo de uno de sus ayudantes, el también artista Guilio Romano.

Incendio del Borgo (Raffaello)

La obra fue realizada en torno a 1514 y forma parte de las conocidas Estancias Vaticanas, una serie de habitaciones situadas en el segundo piso del Palacio Vaticano que decoró artista junto con su taller de discípulo por orden del papa León X.

El incendio del Borgo es quizás el fresco más importancia de su estancia y debido a ellos ésta recibe el nombre de Estancia del Incendio del Borgo. En las obras se pone de manifiesto las pretensiones políticas de Sumo Pontífice Romano a través de la narración de algunos episodios del Liber Pontificatis.

La escena que aquí nos ocupa representa un milagro ocurrido en la ciudad romana: un catastrófico incendio se desencadenó en el céntrico barrio romano del Borgo, su magnitud era tal que arrasaba rápidamente con las construcciones del barrio sin que nadie pudiera hacer nada por ello. Fue entonces cuando el Papa IV acabó con el fuego haciendo la señal de la cruz.

Rafael y su taller disponen de planos diferentes para establecer la composición del fresco: en un primer plano los habitantes del barrio tratan de sofocar el incendio mientras la angustia y desesperación se apoderan de mujeres y niños que huyen despavoridos. Así mismo en este primer plano Rafael dispuso algún que otro guiño a los temas de la antigüedad clásica, por ejemplo vemos las figuras de un hombre joven que carga con un padre anciano. Esta escena haría referencia a la huida de Eneas de Troya y equipara ambas ciudades. Además en la composición se colocan multitud de elementos arquitectónicos clasicistas según el gusto de la época.

En segundo plano una gran multitud de ciudadanos corre desesperados pidiendo auxilio hacia la basílica de San Pedro buscando la intervención divina. El edificio se corresponde con la antigua basílica de origen paleocristiano que poco se asemejaba a la galante construcción que hoy corona la plaza de San Pedro. Allí bajo una ventana de tipo serliana – debemos destacar la importancia que la arquitectura tiene en las obras de Rafael- aparece la figura del pontífice auxiliando al pueblo.

Cromáticamente dominan los colores terrosos: ocres, amarillos, tierras… aparecen en toda la composición. El dibujo goza de gran importancia, no en vano nos encontramos en Roma donde la línea aún goza de preminencia sobre el color. La luz es clara y diáfana y se difunde homogéneamente por todo el espacio.
La agonía de los personajes, las posturas retorcidas y forzadas y la esbeltez de los cuerpos se alejan de la calma y armonía a la que Rafael nos tiene acostumbrados, de hecho la obra anuncia ya muchas de las ideas estéticas que posteriormente se desarrollan durante el manierismo.

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