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La cosecha, Van Gogh

Publicado por Laura Prieto Fernández

El gusto por pintar paisajes ha sido tan antiguo como la propia pintura sin embargo, fue a lo largo del siglo XIX cuando los artistas impresionistas supieron conjugar además de pintar un paisaje, hacerlo en el propio paisaje o lo que es lo mismo, pintar plain air o al aire libre. De esta manera y como herencia de la traición impresionista muchos pintores de la estética postimpresionista, entre ellos el autor que aquí nos ocupa Vicent Van Gogh, continuaron con esta tendencia paisajista a la vez que la conjugaban con los cuadros de las ciudades cada vez más abarrotadas de gentes.

Vicent Van Gogh (1853 – 1890) ha sido uno de los pintores postimpresionistas más destacados de todos los tiempos, el artista presentaba un estilo muy personal y particular con una amplia gama de colorido y paleta muy cargada que otorga a sus lienzos una personalidad indiscutible pero Van Gogh también fue uno de los pintores más prolíferos de la historia del arte y aunque comenzó a dedicarse tarde a la pintura –primero trabajó en una galería de arte y después quiso convertirse en sacerdote- en su haber cuenta con más de novecientos lienzos y mil seiscientos dibujos. Sin embargo y como ya es sabido por todos, el artista llevó una vida truculenta e inestable con graves problemas psicológicos.

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Quizás fue en busca de esa felicidad y sosiego que tanto ansiaba cuando en febrero de 1888 el artista decidió trasladarse a Arles con el fin de evitar el bullicio de las grandes ciudades así como con la idea de formas un círculo de pintores, una idea que no salió bien y acabó con el famoso incidente de su oreja. Pero en Arlés Van Gogh también se encontró con el paisaje natural en su estado más puro, durante algún tiempo el artista observó los campos de trigo y surgieron alrededor de unas dieciséis obras con este motivo, entre ellas la obra que aquí analizamos y que se conoce como La Cosecha o La Colina de Crau cerca de Arlés. En este tipo de lienzos el artista ha retrasado los elementos arquitectónicos situándolos en la línea del fondo para reservar el primer plano a los campos cargados de cosecha.

Se trata de un pequeño óleo sobre lienzo de formato horizontal y que apenas mide unos noventa y dos centímetros de ancho y setenta y tres de altura sin embargo es una de las mejores obras del artista que hoy se exhibe en el Museo Van Gogh de Amsterdam. En ella el artista ha captado a la perfección las distintas tonalidades del campo en función de la carga de su cosecha, con una luz dorada y veraniega que lo cubre todo y en la que se aprecia el calor de la Provenza.

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