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La Crucifixión Mond de Rafael

Publicado por A. Cerra

Esta no es una de las obras más conocidas del pintor renacentista Rafael, mucho más famoso gracias a sus bellísimas Madonnas como la del Gran Duque o la del Jilguero, o por sus pinturas murales en las residencias papales, como la espectacular Escuela de Atenas. Sin embargo, este óleo pintado sobre una tabla de madera de álamo es una creación propia del Renacimiento.

La Crucifixión Mond de Rafael

La Crucifixión Mond de Rafael

La obra la realizó entre 1502 y 1503, y en la actualidad se conserva en la National Gallery de Londres. Toda la escena de la Crucifixión Mond está inspirada en el seguimiento a ultranza de la idea renacentista de que la sección áurea, que también es conocida como la divina proporción, ya que se supone que fue creada por el mismo Dios. Una idea que se basa en la teoría de que la geometría se puede hallar en la propia naturaleza, desde en elementos vegetales o incluso conchas, hasta en la proporción ideal de la figura humana. Algo que otro de los grandes pintores renacentistas, Leonardo da Vinci, demostró con su ilustración de El hombre de Vitrubio, realizado unos doce años antes que la pintura rafaelesca, en 1492.

Por lo tanto, durante el Cinquecento italiano se creía que las proporciones dictadas por esa sección áurea también había que incorporarlas a las pinturas de temática religiosa, lo que incrementaba la belleza de las imágenes, y además contenía en sí mismo parte del mensaje sacro de forma simbólica.

Así, el resultado final de este cuadro no nace de un intento por representar la escena real tal y como Rafael Sanzio se la pudo imaginar, sino que basándose en esos estudios de proporción lo que representa es el símbolo de la escena religiosa de la crucifixión, un episodio clave para la fe cristiana.

Se puede apreciar muy claramente el gran triángulo que ordena toda la composición, cuyos ángulos lo forman en la base las cabezas de San Jerónimo y de la Virgen, ambos arrodillados, y el rostro de Cristo en la zona superior. Ese mismo triángulo se puede prolongar hacia los ropajes de los dos personajes de la base que están apoyados en el suelo.

Igualmente se pueden ver los círculos que ordenan la ubicación de cada uno de los siete personajes que componen la escena. Lo que es un poco más difícil de descubrir, aunque son básicos en el orden de la representación, son los diversos pentagramas que se incluyen en el interior de esos círculos y que también contribuyen al extraordinario orden geométrico de todo el conjunto. Por ejemplo, con ello está muy equilibrado el movimiento diagonal de los dos ángeles que flanquean la cruz.

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