Arte

La danza de la vida, Munch

Publicado por Laura Prieto Fernández

Al pensar en Eduard Munch inevitablemente nos viene a la cabeza la obra por todos conocida de El Grito, en realidad esto es algo típico en la historia del arte ya que ciertos artistas se convierten en el icono de producción de una obra y si bien esta es una manera de llegar al gran público muchas veces hace que el resto de la producción de ese artista caiga más bien en el olvido. Esta es una circunstancia aplicable a todas las disciplinas artísticas, que no sólo ocurre en la pintura. Si le preguntásemos al público no especializado por una obra de Munch que no fuese El Grito, la mayoría de ello difícilmente nos podrían decir otra lienzo del artista pues bien, la obra que analizamos a continuación es un lienzo impresionante que quizás no sea tan conocido como la popular obra pero que sin lugar a dudas tiene una calidad artística y estilística maravillosas.

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Eduard Munch (1863 – 1944) fue uno de los máximos exponentes de la estética expresionista del Norte de Europa. Su pintura llena de colores contrastados y formas sinuosas trataba, como él mismo decía de diseccionar el alma de los hombres. Plasmar los sentimientos de una manera cruda y sin edulcorar. A finales del siglo XIX, concretamente en el año 1899, comenzó a realizar la obra que aquí nos ocupa. Se trata de un óleo sobre lienzo de grandes dimensiones -cuenta casi con dos metros de anchura y metro veinte de altura- que el artista pintó inspirado en el paisaje de Asgardstrand donde solía pasar sus vacaciones así como algunos momentos de retiro personal.

Nos encontramos ante una composición ambientada en la noche, la luna corona el cielo y su reflejo se hace patente en el agua del lago con una forma fálica muy llamativa. Quizás la alusión a la luna venga por la conocida sonata de Claro de Luna que tanto inspiró a Munch. En un primer plano en encontramos una pareja que baila en el centro de la composición y es flanqueada por dos mujeres que más bien parecen ser la misma pero vestida con vestidos de colores opuestos, la dama de blanco vendría a representar a la mujer madura mientras que la de negro a la soledad.

En este punto debemos señalar que la obra de Munch ha tenido diferentes interpretaciones y mientras unos apuestan por pensar que se trata de una representación del amor otros creen que más bien las tres figuras son una representación del paso del tiempo. Cerrando la composición encontramos otras parejas que también bailan y en las que se pueden apreciar diferentes actitudes.

Categorías: Pintura, Vanguardias Artísticas del siglo XX