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La fundición de Menzel

Publicado por A. Cerra

Adolph von Menzel (1915 – 1905) es uno de los pintores más importantes del arte alemán de la segunda mitad del siglo XIX, y lo es principalmente por la fama que adquirió realizando cuadros de temática histórica en los que representó grandes episodios del país. No obstante, a partir de los años 60 también se interesó mucho por retratar la Alemania de su tiempo. Y en este sentido hay que entender esta obra realizada entre 1872 y 1875, la cual lleva por título La fundición o Los Cíclopes modernos, aludiendo a los personajes de la mitología clásica que ayudaban a Hefesto en su fragua. Un cuadro que en la actualidad forma parte de la colección de la Alte Nationalgalerie de Berlín.

La fundición de Menzel

Para hacer este tipo de cuadros, Menzel se dedicaba a viajar a lugares concretos, y en este caso se desplazó hasta Silesia, donde se encontraba la fábrica estatal prusiana de vías de ferrocarril de Königshüttle, la actual ciudad de Chorzöw. Una zona, que junto a la Cuenca del Rhur fueron el motor de la industrialización de Alemania.

Por ejemplo, para hacernos una idea, la fábrica que está representada en este cuadro daba trabajo a aproximadamente 3.000 personas. Allí permaneció el pintor durante varias semanas, tomando infinidad de bocetos y dibujos, para después retornar a su taller en Berlín donde hizo el cuadro definitivo.

Por supuesto todos esos trabajos de la industria pesada eran tremendamente duros por aquel entonces. Algo que el artista se preocupa de mostrar con todo realismo. Aquí por ejemplo se puede apreciar en el grupo de obreros que está junto al fuego. Unas personas que tenían el gran esfuerzo físico de empujar el pesado hierro con sencillas tenazas y barras, y por si fuera poco lo tenían que hacer aguantando unas altísimas temperaturas.

En realidad, están representadas con esmero todas las fases de trabajo que se realizaban en ese lugar y el instrumental y la maquinaria que se utilizaba en cada parte del proceso, o los detalles del edificio real donde se ejecutaba esa producción. De hecho, no solo viajaba hasta los lugares que iba a pintar, sino que antes estudiaba sobre ese tipo de fábricas. Por todo ese realismo, en algunos momentos su forma de trabajar se describió como perfeccionista e incluso como obsesiva.

Pero también añade imágenes con detalles muy humanos. En el primer plano, a la derecha vemos otro grupo de trabajadores que han hecho un descanso para comer el almuerzo que les ha llevado una muchacha en una cesta. Es en estos detalles, donde se manifiesta la empatía del pintor hacia esos trabajadores. Lo cual sabe combinar con un tono grandilocuente, destinado a ensalzar el poderío industrial alemán.

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