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La Natividad de Martin Schongauer

Publicado por A. Cerra

Martin Schongauer, cuyo nacimiento se estima que pudo ser en el año 1453 y su defunción tuvo lugar en el 1491 está considerado junto al gran maestro Albert Durero, como uno de los más famosos grabadores alemanes de su época.

La Natividad de Schongauer

La Natividad de Schongauer

Como se puede apreciar por las fechas de su nacimiento y fallecimiento no tuvo una vida muy larga, y gran parte de ella la pasó residiendo en la población de Colmar, en la región de Alsacia, que por aquellos tiempos era territorio bajo gobierno alemán, y en la actualidad forma parte de la República Francesa.

En este grabado, que está datado en torno al año 1475, se puede apreciar que lo realizó completamente impregnado por el espíritu de los pintores flamencos, de ahí su claro afán por representar hasta el más insignificante detalle de cada uno de los elementos que configuran la imagen. Y también quería que el espectador fuera capaz de percibir todas y cada una de las texturas de los diferentes objetos representados, algo que a simple vista ya se puede apreciar. Pero al observar con detenimiento la obra ayudados de lentes de aumento entonces es cuando ese trabajo, casi de orfebre que realizó Schongauer, adquiere toda su dimensión y su riqueza y exquisitez en el detalle es realmente admirable.

Porque con una lupa se puede ver cómo están singularizadas todas la piedras de la construcción que enmarca la escena, los ladrillos rotos, la piel de los animales que asisten al nacimiento de Jesús, e incluso se pueden distinguir las flores que crecen entre las grietas de las piedras. Es decir, si para ver todo esto es necesario ayudarse de lentes, evidentemente el artista en su realización también las usó, algo relativamente habitual en aquella época.

Al mismo tiempo consiguió darle a la escena el tono dulce que requiere mostrándonos a todos los personajes con mucho encanto. Por ejemplo, llama la atención la Virgen arrodillada en la capilla en ruinas que hace de establo, la cual ha colocado al Niño sobre una punta de su manto, al mismo tiempo que san José ilumina el espacio con una lámpara, que por otra parte difícilmente existiría en el siglo del pasaje bíblico, por lo que su aparición en la escena es un anacronismo, pero esto también es algo común a muchas obras que están a medio camino entre el Gótico y el Renacimiento.

Todos los elementos de la imagen se corresponden con la tradición iconográfica, desde los protagonistas a los pastores que asoman o el coro celestial que se ve en la esquina superior derecha. Pero la distribución de todos ellos es propia de la maestría de un buen grabador. Utilizando una composición muy cuidadosa, en la que se puede comprobar que el centro de todo es el rostro de la Virgen María. Probad a lanzar dos diagonales que recorran el cuadro, y la cara de la Virgen marcará el punto de unión de ambas líneas.

Además otro recurso compositivo muy útil y muy hábil es el que se generó ubicando un fondo negro tras los tres personajes principales, algo que hace que resalten sobre el resto de una forma natural, ya que ese fondo negro se corresponde con la zona que no queda iluminada por San José.

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