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La Odalisca de Ingres

Publicado por A. Cerra

Se trata de lienzo pintado al óleo en 1814 expuesto en el museo del Louvre de París.

Jean Auguste Dominique Ingres al principio llamó a esta obra La Odalisca, ya que se trataba de un desnudo femenino con cierto toque exótico. El objetivo de plantear este título era eludir ciertas críticas, porque por aquellos años no estaba excesivamente bien visto pintar desnudos integrales como este.

La Odalisca

Pero la realidad es que Ingres fue un gran retratista de mujeres, como se aprecia en esta obra o en otras como el retrato de Madame Recamier, esta sí que aparece vestida. Lo cierto es que Ingres era un gran conocedor de la historia de la pintura y sabía que este tipo de cuadros con mujeres desnudas habían tenido una gran tradición en toda Europa, y a ella se remitió a la hora de inspirarse.

No obstante, el cuadro es mucho más que un desnudo. Destila cierto aroma de perversión y complejidad que sobre todo se aprecia en los detalles como el cortinaje del lado derecho, el turbante que embellece a la modelo o el abanico de plumas de pavo que lleva en su mano derecha.

Aunque él intentó suavizar la posible polémica de la obra ubicándola imaginariamente en un ambiente exótico de aíres orientalistas, los críticos más conservadores no dudaron en ser muy crueles con él. Por ejemplo, uno dijo que daba dentera a todo aquel que lo mira. Y otro escribió que la espalda de la mujer era larguísima, que incluso le sobraban tres vértebras.

Sin embargo, a Ingres no le importaron en exceso tales críticas. Lo que él buscaba era retratar su objeto más deseado: la belleza femenina. E incluso ya había pintado otros desnudos anteriormente, como la exquisita obra titulada La Gran Bañista, que también se conserva en el Louvre.

Para plasmar toda esa búsqueda de la belleza, en la Odalisca no dudó en desnudar a la modelo y colocarla en una posición aparentemente sencilla, dando la espalda al espectador, lo cual al mismo tiempo que simple es muy complicado de pintar. Y en cuanto a la crítica respecto a la larga espalda de la mujer, no se trata de un error del pintor, un pintor cuya trayectoria muestra una extraordinaria capacidad para el dibujo, sino que se trata de un efecto buscado por el artista, que en muchas ocasiones no dudaba en deformar los cuerpos de cara a sus intereses estéticos.

Si en su momento esta obra supuso gran polémica, con el paso de los años y los siglos, no cabe duda que ha pasado a engrosar la lista de pinturas con grandísimos y preciosos desnudos femeninos. Una lista en la que aparecen obras de todas la épocas como la renacentista Danae del italiano Tiziano, las barrocas del español Velázquez y el belga Rubens, con sus respectivas Venus del Espejo y Susana y los viejos, la decimonónica Maja Desnuda de Goya, o la impresionista Olimpia del francés Manet. Un círculo que podría cerrarse en el siglo XX con otro pintor obsesionado por pintar la belleza de la mujer: el italiano Amedeo Modigliani.

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