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Los Desposorios de Santa Catalina de Rubens

Publicado por A. Cerra

Esta obra la realizó el pintor flamenco Petrus Paulus Rubens en el año 1628.

Se sabe que Rubens se desplazó hasta Roma, en aquellos tiempos la gran capital mundial del arte, para estudiar tanto el arte más clásico como las obras renacentistas y barrocas del momento. Es indudable que aprendió mucho de todo lo que vio, sobre todo le interesó mucho la obra de los pintores de la escuela de los hermanos Carracci por su forma de revivir los temas clásicos. Y sin problema alguno, pese las diferencias de estilo admiraba la sinceridad y el naturalismo de un pintor como Caravaggio. Pero por otro lado, también es innegable que Rubens siempre fue ante todo un artista flamenco, heredero de unas tradiciones artísticas que jamás abandonó.

Desposorios de Santa Catalina de Rubens

Desposorios de Santa Catalina de Rubens

Su objetivo principal a la hora de acometer cualquiera de sus pinturas era expresarse, valiéndose de todos los recursos pictóricos que conocía y dominaba. Quería pintar sus escenas basándose lo más fielmente posible en la realidad que él veía. Es decir, pintar el mundo que le rodeaba, para finalmente hacernos sentir la belleza enorme del mundo. Y eso lo pretendía incluso cuando hacía representaciones de carácter religioso.

Eso se puede ver en esta pintura que realizó para el altar de una iglesia de Amberes. Aquí se comprueba que tras su viaje a Italia, ya domina los secretos técnicos de la pintura, y que sobre todo de su estancia en la capital transalpina se trajo el gusto por las grandes composiciones.

El tema elegido de una Virgen con santos era bastante habitual, pero él le dio un tratamiento muy innovador. Los santos se agrupan en torno a la Virgen. En primer término aparecen San Agustín, San Lorenzo y Santo Domingo que con sus posturas y gestos van guiando al espectador hacia la Virgen.

También está San Jorge con el dragón, y San Sebastián con las flechas con las que fue martirizado. Mientras unas mujeres observan la escena, y entre ellas está una monja y otra mujer. A la derecha de la Sagrada Familia, están San Pedro y San Pablo, y la izquierda un imponente San Juan, casi en éxtasis y totalmente bañado por la luz. Y unos angelotes están coronando a la Virgen.

Es decir, es una obra con infinidad de detalles, ya que cada personaje es perfectamente identificable por los objetos simbólicos que portan o por sus aptitudes. Unos detalles muy propios de la tradición flamenca. Sin embargo, la grandeza de la obra reside es la soltura con que es capaz de pintar la Rubens, y eso que es una escena muy compleja, pero su maestría le permitió recrear con extraordinaria unidad, bañando toda la tela de una atmósfera de gozosa solemnidad.

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