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Los lictores devuelven a Brutus los cuerpos de sus hijos, David

Publicado por Laura Prieto Fernández

A lo largo de la historia se puede apreciar una tendencia pendular en la historia de los hombres, los acontecimientos son muchas veces cíclicos y parecen repetirse o inspirarse en hechos del pasado; quizás esto pueda explicar el hecho que durante el siglo XVIII algunos artistas girasen sus ojos a la antigüedad clásica pues en el pasado de Roma parecían encontrar un espejo en donde mirarse y ver elementos muy afines a los de su sociedad.
Precisamente la obra de Jaques Louis David se inspira en numerosas ocasiones en la tradición clasicista con temas muy afines a las circunstancias de su tiempo. David es uno de los pintores de la estética Neoclásica más afamados de todos los tiempos, su obra ha servido de inspiración a las generaciones posteriores y quizás se pueda afirmar que ningún otro artista a lo largo de la historia se haya visto más influido por los acontecimientos políticos que le tocó vivir.

La obra que aquí analizamos lleva por título Los lictores devuelven a Brutus los cuerpos de sus hijos, se trata de un gran óleo sobre lienzo de formato horizontal que mide unos tres metros veinte de altura y más de cuatro metros de anchura. La pieza está realizada en óleo sobre lienzo y en la actualidad se exhibe en el Museo del Louvre de París, aunque los expertos han dictaminado que debe de datar de 1787 aunque la pieza se presentó dos años más tarde en 1789 en el Salón Oficial.

David presenta una pieza que si bien estéticamente es correcta su significado político es revolucionario y más teniendo en cuenta que en un primer momento fue encargada por el monarca Luis XVI. En este lienzo el artista representa una escena de la República Romana, Lucio Brutus -un antepasado del asesino de julio César Marco Brutus- fue el primer cónsul de la República romana, cuando éste se enteró de que se estaba planeando atentar contra la república para devolverle el poder a la monarquía mandó asesinar a los instigadores, incluyendo sus propios hijos.

La obra representa distintas escenas en un solo conjunto: por un lado, vemos a Brutus en primer plano a la izquierda de la composición, está en penumbra y su rostro queda a la sombra de una escultura que representaría a la República, pero aun así se pude apreciar el disgusto por la decisión que acaba de tomar. Tras el cónsul aparecen los lictores que traen de vuelta a casa los cadáveres de los hijos de Brutus y a la derecha con dolor e impotencia David ha representado a las mujeres de los asesinados.

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