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Madame de Moitessier

Publicado por A. Cerra

Este es otro de los grandes retratos que hizo el pintor francés Dominique Ingres. Esta obra concretamente la realizó en el año 1856 y en la actualidad se puede ver expuesta en las salas de pintura del siglo XIX de la National Gallery de Londres.

Como es habitual en otros retratos de Ingres recurre al uso del espejo, tal es el caso del de Madame de Senonnes, de manera que así nos puede presentar a la dama retratada de dos modos diferentes, ya que la vemos de frente y al mismo tiempo de perfil, gracias al hábil reflejo. Se trata de aportar distintos puntos de vista en la pintura, algo que años después harán también las vanguardias, pero ya introduciendo el concepto del tiempo en la imagen.

Madame de Moitissier de Ingres

La mujer retratada indudablemente es una dama de alta alcurnia. Se trata de una figura realmente rotunda, de imagen poderosa. No se trata de un modelo de belleza juvenil, sino que hablamos de la imagen de una señora con aires de matrona, algo muy del gusto del arte neoclásico. Y aunque la pose sea muy neoclásica, como en tantas otras obras de Ingres se pueden apreciar otros elementos más del gusto romántico, como en este caso la propia moda del vestido e incluso el peinado de Madame de Moitessier.

Lo cierto es que pasaron muchos años entre el momento en el que Ingres recibió el encargo y cuando finalmente la pintó. De hecho, los primeros contactos para que realizara la obra tuvieron lugar en el año 1844.
A partir de ahí, el pintor dudó enormemente sobre el modo y la actitud de como representarla. Pensó que con una niña estaría bien, luego vaciló en que fuera una representación en la que la viéramos de pie, para finalmente presentárnosla en la postura que vemos, sentada en una pose que se llama arcediana.

Y si la postura le supuso muchos quebraderos de cabeza al pintor, lo mismo ocurrió en lo referente al vestido y también los adornos y joyería que lleva la señora. Inicialmente pensó en un traje oscuro, luego lo cambió por otro amarillo y de forma definitiva se atrevió con este que vemos, en color blanco y adornado con motivos florales, lo cual supuso todo un hito en su carrera, ya que pintar este tipo de vestido fue un auténtico reto para él, por el tratamiento que tenía que darle a la prenda, a su luminosidad y a su detallismo. Una prenda muy ornamental que podía acabar siendo el gran protagonista de la tela, sin embargo Ingres supo controlar ese exceso decorativo.

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