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Mujer con la cafetera de Cezanne

Publicado por A. Cerra

Paul Cezanne pintó este óleo que se expone en el Museo de Orsay de París entre los años 1890 y 1895.

Observando la obra en su conjunto se puede apreciar que más que pintada, podemos decir que es una obra que está construida, y que todo está subordinado a una organización estructural extremadamente precisa y cuyas elementos básicos son por un lado el color y por otro la composición de la escena.

Mujer con la cafetera de Cezanne

La figura de la mujer es todo un bloque compacto en el centro y que ocupa gran parte de la tela. Pero su volumen protagónico en realidad viene determinado por el contorno, y también por las formas geométricas que delimitan su masa. Un tratamiento geométrico que también se manifiesta en las formas de los pliegues del vestido, o el contraste entre las formas rectas del fondo y las curvas del cuerpo.

Orden y geometría son constantes en las creaciones de este artista postimpresionista, así como también es muy habitual que en sus obras el color principal y más destacado sea el azul. Un protagonismo por su cantidad de superficie y también porque destaca especialmente al superponerse a los ocres espesos del fondo o compararse con el rojo pardo del mantel de la mesa.

Esa ambientación general también provoca que tengan una gran presencia dos objetos de relativo pequeño tamaño dentro del conjunto. Hablamos de la taza y de la cafetera pintada en tonos blancos. Estos objetos sobre la mesa, de alguna forma son como un cuadro dentro del cuadro, un bodegón a los que tan acostumbrados nos tiene la producción pictórica de Cezanne, con obra como por ejemplo Naturaleza muerta con escayola o La cómoda.

En todos esos bodegones vemos la importancia que le da a la geometría como elemento constructor del espacio. Sus bodegones siempre se han considerado como el principio del Cubismo, pero en este caso todo el cuadro lo podemos catalogar como precubista.

Pero pese a ese espíritu de innovación, al mismo tiempo Cezanne está planteando un homenaje a un pintor rococó que le gustaba mucho, como Chardin quien pintó obras como la Bendición de la mesa, y del cual admiraba su actitud hacia lo cotidiano, y como pintó en muchas ocasiones a niños con sus niñeras. Recordad por ejemplo: La institutriz.

Por esa razón, no extraña saber que la mujer que le sirvió de modelo para esta obra fue su vieja criada, una señora a la que Cezanne describió con estas palabras: “tallada a golpes de hacha” o “casi un hombre en su belleza”. Y lo cierto es que viendo su imagen, es muy acertada su descripción.

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