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Mujer leyendo una carta, Gabriel Metsu

Publicado por Laura Prieto Fernández

En la National Gallery of Ireland en Dublín, Irlanda, encontramos el cuadro que analizábamos en entradas anterior titulado como Hombre leyendo una carta y la pareja de este lienzo, Mujer leyendo una carta sin el cual, la historia que nos relata Gabriel Metsu en la pieza se encuentra incompleta.

Gabriel Metsu (1629 – 1667) fue uno de los maestros más alabados en la época barroca, como ya señalamos con anterioridad las similitudes con Vermeer en sus escenas de género resultan innegables, aunque bien es cierto que en la actualidad el maestro de La joven de la Perla ha sido mucho más reconocido que Metsu, en su época y mientras ambos vivieron Metsu fue mucho más importante y reconocido que Vermeer.

NGI 4537

Si en la estrada anterior encontrábamos a un joven y adinerado comerciante que escribía apasionado una carta de amor, en esta ocasión el lienzo del artista neerlandés nos habla de la destinataria de dicha carta; una obra que completa a la otra y que sin su pareja ambas pierden parte de su significado.

En esta ocasión nos encontramos con dos mujeres que protagonizan la escena; por un lado, vemos en la parte izquierda del lienzo a una joven que se supone es la receptora de la misiva, aparece con la carta de la mano inclinándola hacia la luz que penetra en la ventana para leerla mejor. Junto a ella su criada se entretiene destapando una cortinilla que ocultaba un lienzo y que sostiene una carta en la mano -seguramente la respuesta- donde el pintor aprovecha para firmar el lienzo.

La escena parece trascurrir en la misma habitación en la que el joven escribió la carta, pero con un decorado más modesto y aun así en ella se aprecia elementos que nos indican que también pertenece a una elevada posición social, por ejemplo, la silla labrada que está bajo el lienzo o el propio cuadro con el cortinaje.

En el lienzo algunos elementos nos hablan de la relación entre los amantes como la escena marina en tempestad que nos remite al amor pasional entre los amantes y el perrillo -una tradicional representación de la fidelidad entre los amantes- que ladra nervioso al lienzo como si el trabajo en el mar del joven comerciante pusiera en peligro la fidelidad de la pareja.