Arte
Inicio Pintura, Postimpresionismo Naturaleza muerta con escayola de Cézanne

Naturaleza muerta con escayola de Cézanne

Publicado por A. Cerra
Naturaleza muerta con escayola de Cézanne

Naturaleza muerta con escayola de Cézanne

Este óleo que Paul Cézanne pintó sobre tabla y sobre papel lo realizó el artista al final de su carrera artística, hacia el año 1894. Y en la actualidad la obra se conserva en el Courtauld Institute Galleries de Londres.

Este es un buen ejemplo del objetivo pictórico que se planteó Cézanne que no era otro que “hacer del Impresionismo algo más sólido y perdurable». Para ello representa un bodegón realizado en su estudio a base de frutas, sus propios cuadros y una figura de escayola que ocupa toda la línea central vertical de la composición. Todos ellos elementos en los que se ven algunas de las constantes de su obra.

Una de ellas la aparición de las manzanas. Se ven diversas frutas y hortalizas repartidas por la mesa y otras zonas de la composición. Y entre ellas destacan las manzanas, si bien en algunos casos es difícil reconocer que fruto está pintando el artista, ya que no le interesa tanto transmitir la ilusión de la fruta, sino pintar lo que ve, sus formas, sus contornos, los colores y la relación que existe entre los diversos elementos de la composición.

Es curioso saber que cuando Cézanne pintaba bodegones con frutas, en ocasiones se le llegaban a pudrir. Ya que su proceso de trabajo era sumamente lento, intentando desentrañar y plasmar esas formas. Por eso al final de su carrera ya prescindió de usar fruta fresca como modelo, y recurrió a réplicas en yeso.

También es una réplica la figura central de Cupido. Una pequeña escultura que parece retorcerse desde su base, y eso es resultado de la infinidad de veces que la había contemplado el artista desde distintos puntos de vista. Y es que al pintar lo que ve, va componiendo la figura poco a poco, para al final representar la figura como podría verse en una secuencia, mucho más de lo que se vería desde una única posición.

Este planteamiento suponía que su proceso de trabajo fuera muy arduo. Intentaba reflejar infinidad de percepciones de los objetos. Cada vez que se giraba hacia los elementos a retratar parecía descubrir un punto de vista diferente. Esto le provocaba la sensación de que nunca podía dar la última pincelada y le era imposible concluir la obra. De hecho, pocos de sus bodegones aparecen firmados, y cuando si se ve su firma es que si se dio por satisfecho y daba por acabado el cuadro.

Otro aspecto interesante es que Cézanne rechazaba las teorías de la perspectiva que venían desde los tiempos del Renacimiento. Por eso vemos el suelo del estudio del taller mucho más alto de lo que estaría en realidad, casi como si se pusiera vertical y sirviera de fondo a la composición.

Por cierto, el artista nos muestra parte de su taller de trabajo, incluyendo en la obra varios cuadros repartidos por ese suelo y las paredes. Y eso es algo que no era habitual, ya que lo más común cuando los pintores realizaban bodegones, es que los situaran sobre un fondo neutro sin que se viera su estudio.