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Otoño en Argenteuil de Monet

Publicado por A. Cerra

Este lienzo pintado con la técnica del óleo lo realizó el pintor francés Claude Monet en el año 1873. Y en la actualidad se conserva en el Courtauld Institute Galleries de Londres.

No es la única vez que Monet pintó este lugar muy cercano a París, a orillas del río Sena. De hecho entre sus obras maestras se encuentran lienzos como Regatas en Argenteuil. Y no solo eso, sino que hasta allí también se desplazaron algunos de sus amigos pintores como Gustave Caillebotte que pintó un cuadro con idéntico título. Y sobre todo solía acudir hasta allí su íntimo Renoir, que llegó a pintar a la esposa de su amigo en el lienzo Madame Monet leyendo.

Otoño en Argenteuil de Monet

Otoño en Argenteuil de Monet

Y es que Monet con su esposa residió en Argenteuil entre los años 1871 y 1878. Allí pintó innumerables telas al aire libre y consolidó de forma definitiva el arte de estilo impresionista. Y también allí se dedicó el estudio de algunas de las teorías científicas más innovadoras sobre el color. Teorías que luego aplicaba a su modo de dar las pinceladas a sus obras. Por ejemplo, aquí se puede ver como contrasta aquellos colores complementarios que producen en la retina del espectador un efecto de máxima vibración óptica, lo cual sin duda alguna le otorga vida a su pintura.

En este cuadro dominan los tonos dorados cálidos para evocar el color otoñal de las hojas. Por otra parte las pinceladas rosadas y amarillentas se van contrapunteando en la vegetación con aplicaciones de verde. Y como innovación en esta tela fue una de las primeras ocasiones en las que Monet empleó en su paleta de color todo el espectro del arco iris, algo que después se convirtió en un rasgo distintivo del Impresionismo.

Hay que tener en cuenta que para conseguir toda esa gama de colores, los artistas impresionistas contaron con una enorme ventaja respecto a sus antecesores. Ya que antes de ellos los pintores debían elaborarse de forma artesanal los diferentes colores y pigmentos que utilizaba. Mientras que pintores como Claude Monet, Auguste Renoir, Camille Pissarro o Edouard Manet contaban la posibilidad de adquirir una enorme cantidad de colores al óleo, que luego ellos mezclaban y remezclaban en su paleta para lograr los tonos oportunos. Unos tonos que a su vez se unían en la tela y finalmente convergían en la mirada del espectador, que es la verdadera magia del arte impresionista.

Si se observa este cuadro desde cierta distancia, da una sensación de instantánea, de enorme brillo por la luz del sol y sus reflejos otoñales. Mientras que al acercarnos a la obra, esa sensación se va perdiendo paulatinamente en favor de apreciar la riqueza del empaste de colores, de cada una de las pinceladas que aplicó a la tela. Todas ellas entretejidas que le dan mucha sensualidad a la imagen.

A lo cual sin duda ayuda el esmero que Monet pone a la hora de plasmar las diversas texturas. Algo que le fascinaba. Por ejemplo, aquí podemos ver como las nubes las pinta con pinceladas muy suaves y redondas, con el objetivo de texturizar las características nubes algodonosas que se ven en la realidad. O en el caso del río, aplica pinceladas cortas y horizontales que logran transmitir la sensación de aguas calmadas con una suave ondulación.

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