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Tobías y el arcángel Rafael

Publicado por Laura Prieto Fernández

Pese a que en la época de Felipe IV el imperio de la Casa de los Austrias ya no era lo que había sido en años atrás, el rey deseaba a toda costa seguir manteniendo su estatus de grandeza frente al resto de potencias europeas; un estatus que, por otra parte, se desgarraba día a día y cada vez resultaba más evidente que el imperio español perdía fuerza e importancia a un ritmo alarmante. Con el objetivo de mantener esa imagen intacta el rey ordenó en el año 1630 la construcción del Palacio del Buen Retiro, oficialmente las obras fueron encargadas por el Conde Duque de Olivares, valido del rey, con el fin de que éste descansase en un lugar adecuado cuando acudiese a visitar sus propios terrenos. Sea como fuese, lo cierto es que pese a la crisis económica que asolaba el imperio ni en la construcción del palacio ni en su decoración se repararon en gastos.

Paisaje_con_Tobías_y_el_Arcángel_Rafael

Dentro del Palacio del Buen Retiro se creó la Galería de los Paisajes con cuadros de alguno de los más insignes pintores de la época, de esta manera la galería contaba con piezas de Poussin, Both o Lemaire. Claudio Lorena (1600 – 1682) incorporó a la galería nada menos que ocho lienzos repartidos en dos series: cuatro piezas de formato vertical y otras cuatro de formato horizontal. El programa iconografía fue organizado por el Conde Duque de Olivares y basado en las Historias de los Santos y en las Santas Escrituras.


La obra que aquí nos ocupa hacía pareja con el lienzo que representaba el Paisaje con el embarque en Ostia de Santa Paula Romana y que aparece catalogado como Paisaje de Tobías con el arcángel Rafael. La escena está extraída del propio Libro de Tobías y relata como el arcángel Rafael se le apareció en las inmediaciones del río Tigris para decirle que si realmente quería curar la ceguera de su padre, debía de usar las vísceras de un pez.
Los personajes ocupan un espacio muy pequeño en la composición, se trata de un gran óleo sobre lienzo que mide más de dos metros de altura y casi metro y medio de anchura y donde predomina el paisaje. El arcángel destaca más por sus ropajes, con una túnica azul muy intensa sin embargo Tobías, aparece agazapado en busca del pez.

Siguiendo los gustos de la época, el artista coloca la composición como si de una escena teatral se tratase. Las arboledas de los laterales guían la mirada del espectador hacia la escena principal y hacia el fondo donde una luz dorada del atardecer culmina la escena. En contraposición con la escena de Santa Paula en la que el artista utiliza la luz del amanecer, en este lienzo ha utilizado na luz crepuscular que invita al renacer.

La obra se exhibe en la actualidad en el Museo del Prado de Madrid y está catalogada dentro de los cuadernos del propio (libros en los que anotaba datos sobre sus lienzos) artista con el número cincuenta.

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