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Una obra de Kandinsky de 1916

Publicado por A. Cerra

Como es habitual en las obras de Wassily Kandinsky muchos de sus cuadros no llevan título alguno, o sencillamente los llamaba Composición y añadía un número. En este caso, ni eso, ya que esta obra de 1916 aparece en los catálogos simplemente como Sin título, una corriente que empezó este artista y que perdura en la actualidad en muchos artistas contemporáneos.

Obra Sin Título de 1916

Obra Sin Título de 1916

Kandinsky antes de convertirse en el máximo exponente del arte abstracto, se involucró en la corriente del Expresionismo alemán, ya que desde su Rusia natal había llegado a Munich a principios de siglo XX donde pintó cuadros como Murnau donde todavía hay elementos figurativos reconocibles. Pero rápidamente llegó a pintar su Primera Acuarela Abstracta.

En la doctrina del Expresionismo iba implícita el espíritu de experimentación. Según esta corriente de vanguardia, lo único importante era el arte en sí mismo. No se trataba de imitar a la naturaleza, sino de ser capaz de expresar los sentimientos a partir de una selección muy personal de líneas y colores. Ese presupuesto, llevó a Kandinsky a la siguiente consideración. ¿No sería más puro el arte suprimiendo todo lo referente a un tema, y basarse solo en los efectos de color y de forma?

Ese pensamiento sin duda le llevó a la abstracción. Y es que Kandinsky en realidad era una especie de místico que aborrecía profundamente todos los valores de progreso y de ciencia que tan efervescentes estaban en su época. Él creía que el mundo avanzaría mucho más y se regeneraría gracias a un nuevo arte basado en la pura interioridad.

Muchos de estos conceptos los dejó plasmados no solo en sus cuadros y declaraciones, sino sobre todo en su obra literaria De lo espiritual en el arte que es una especie de manifiesto con toda su pensamiento artístico. Allí se pueden ver sus teorías sobre los colores, muchas veces relacionándolos con la música, y los efectos psicológicos que producen. Por ejemplo, estaba convencido de que un rojo brillante era como un toque de clarín.

Era partidario de lograr una comunión espiritual entre las personas y pensaba que eso se podía conseguir a través del arte abstracto. Ese es el objetivo de obras como ésta en la que se dedica a experimentar para presentarnos una sinfonía cromática. De hecho este tipo de obras de Kandinsky se consideran dentro de su “periodo dramático”, en el que los colores tienen sus propios valores.

El amarillo es la locura y la fuerza sin control. Mientras que los distintos tonos de azul pueden ser la tranquilidad o el silencio. Todo lo contrario a los rojos, que son obviamente más pasionales y triunfales. En definitiva, el arte abstracto estaba dando con Kandinsky sus primeros pasos basándose en ideas muy personales y razonadas, algo que abrió un camino artístico que prosigue en la actualidad.

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