Arte

Yo y el pueblo de Chagall

Publicado por A. Cerra

Marc Chagall pintó este gran óleo (192 x 151 cm) sobre lienzo en el año 1911. Y en la actualidad se conserva en el MoMA, el Museum of Modern Art de Nueva York.

Para esta imagen tan personal, el artista se inspiró en sus sentimientos de nostalgia hacia su tierra natal en la actual Bielorrusia. De hecho, su país lo había abandonado tan solo un año antes, para instalarse en Francia, en París por entonces la capital artística del mundo donde quería triunfar.

Yo y el pueblo de Chagall

Yo y el pueblo de Chagall

Antes había estudiado arte en la ciudad de San Petersburgo, donde lo cierto es que vivía en una situación económica rozando la miseria, por eso un día decidió emigrar y probar fortuna en tierras francesas.

Y curiosamente, pese a que su pueblo y su familia era extraordinariamente pobres, y Chagall había pasado verdaderas penurias, con la distancia llegó a convertir esos recuerdos en un mundo con cierto toque idílico, ya que se basaba en sus recuerdos infantiles y dotaba a las imágenes que pintaba de un tono mágico y de ensueño.

En realidad nos presenta un mundo ficticio, tan solo existente en unos recuerdos más imaginativos que reales. Se puede ver que plasma una naturaleza en la que hombres y animales viven en armonía. Algo que personifica en esta obra con las caras de un hombre y una vaca que se miran una a otra, y cuyos ojos están conectados entre sí por una línea de puntos, que apenas es perceptible.

Todo en la obra lo organiza a partir de numerosos círculos y movimientos muy amplios, con los que quiere representar el flujo circular de la vida. El mayor de esos círculos es el que engloba los citados rostros del ser humano y de la vaca. Todo es muy simbólico, y de carácter muy personal abierto a múltiples interpretaciones. Por ejemplo se puede ver un árbol en flor que el hombre sostiene en la mano, y a su lado una Luna en cuarto creciente.

Igualmente aparecen más elementos que son habituales en otras de sus obras, como figuras en posición invertida, lo que le da a este cuadro y a otros muchos suyos, como la Crucifixión Blanca, una ambientación onírica. Es decir, tendría algo de la pintura del Surrealismo, pero también tiene mucho que ver con las formas del Cubismo. De hecho él mismo lo explicó diciendo que usaba líneas, ángulos, triángulos y cuadrados porque le servían para evadirse de la realidad, y que esos elementos geométricos los utilizaba como recursos para alcanzar horizontes encantadores. Es decir, Chagall fue un pintor único, en el sentido de que su pintura posee un estilo tremendamente personal e inclasificable, fruto de variadas influencias de diversos estilos artísticos y de su propia biografía.

Categorías: Pintura, Vanguardias Artísticas del siglo XX