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La materia del tiempo de Richard Serra

Publicado por A. Cerra

Una de las primeras obras que hubo en el interior del Museo Guggenheim de Bilbao fue la obra Serpiente del artista californiano Richard Serra (1938). Pero años después, en 2005, se sumarían en la misma gigantesca sala otras siete esculturas enormes que configuran su obra La materia del tiempo. Una obra que el escultor hizo por encargo del propio museo, es decir que tuvo en cuenta todas y cada una de las condiciones del espacio donde se iba a ubicar de forma definitiva: la sala 104 del Guggenheim bilbaíno, la mayor de todo el museo porque tiene 130 metros de largo por 30 de ancho.

La materia del tiempo de Richard Serra

Son unas obras realizadas a partir de grandes planchas de acero corten, o sea autoxidante y por lo tanto preparadas para resistir las inclemencias meteorológicas, aunque aquí estén a cubierto.

El conjunto de obras de La materia del tiempo permite que los visitantes del museo descubran como han ido evolucionando las formas con las que trabaja el escultor norteamericano, ya que se trata de unas creaciones en las que ha invertido varios años de trabajo, desde el 1994 hasta 2005.

Pero aunque hay una evolución, también hay una constante, ya que la línea recta es imposible en estas obras de Serra, de manera que oscila desde lo elíptico, a veces doble, hasta las formas más complicadas de una espiral. Se trata de un tipo de arte en el que por supuesto es muy importante el concepto del artista, pero quizás lo sea más la sensación, la vivencia del espectador cuando las contempla, las toca y se adentra en ellas.

Son los ojos de cada cual los que transforman cada obra al recorrerla. Y no solo ocurre con esa obra, sino que esa transformación se da en todo el conjunto e incluso en el espacio que las acoge, ya que el escultor tiene muy en cuenta su emplazamiento definitivo. De esta manera propone juegos sensoriales por los pasillos que crea para el visitante, pasillos de dimensiones variables en cualquier momento, o sea, pasadizos sorpresivos e inesperados.

En definitiva, que estas estructuras no son nada sin la relación que establecen con cada uno de sus espectadores. Incluso la mayor o menor presencia de espectadores puede variar la experiencia artística. Y no solo eso, sino que como nos indica en el título, también hay que valorar el tiempo. El tiempo en dos sentidos. El que se tarda en recorrer las obras, desde que las rodeamos hasta que nos adentramos y salimos de ella. Y también el tiempo que pasamos en la sala y como va cambiando nuestro concepto sobre el conjunto.

Lo cierto es que según el propio Richard Serra el conjunto de formas que se agrupan en La materia del tiempo es su reflexión más completa sobre su arte. Un arte que en este caso nos propone la ambiciosa experiencia de sentir el espacio en movimiento.

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