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Le Moulin de la Galette Renoir

Publicado por Laura Prieto Fernández

Pintado por el francés Auguste Renoir (1841-1919) en 1876, es una de las obras que mejor plasman las características del estilo impresionista. Fue expuesto por primera vez en la III Exposición Impresionista de 1894 y representa un baile en el Moilin de la Galette, un popular merendero del barrio de Montmartre, París.

Podemos encontrar dos versiones diferentes efectuadas por el pintor y que los expertos no parecen ponerse de acuerdo sobre cual de ellas fue realizada primero, una de tamaño mediano y ligeramente esbozada que hoy se conserva en un museo de Tokio y otra de mayor formato, que se encuentra en el museo Orsay de París.

Es una fiesta al aire libre con árboles, farolas, orquesta, mesas, adornos…en el que un nutrido grupo de jóvenes ataviados con elegantes trajes y vestidos bailan, charlan y se divierten. Renoir introduce en el cuadro a conocidos personajes de la sociedad parisina del momento: jóvenes pintores como Lamy, Goeneutte y Georges Rivière o a las hermanas Estelle y Jeanne.

El cuadro tiene el atractivo de una impresión accidental y sin embargo es fruto de una minuciosa observación de la realidad. Es precisamente esa instantaneidad lo que nos permite ponerlo en relación con la fotografía: Renoir capta un momento determinado, algunos personajes se giran y observan al espectador, otros siguen con sus bailes o charlas y otros, simplemente, son cortados a la mitad como si quedaran fuera de un encuadre fotográfico.

La técnica utilizada, óleo sobre lienzo, es completamente impresionista, con toques de pincelada suelta. La composición clásica tridimensional hace que en los primeros planos las figuras se vean más nítidas, mientras que se hacen borrosas hacia el fondo. Las líneas paralelas y convergentes establecen diferentes puntos de fuga y nos alejan de la visión unitaria.

La composición en diagonal y en diferentes planos paralelos que se alejan paulatinamente, remite a formas clásicas. Los personajes se disponen en dos círculos: uno en torno a la mesa del primer plano y otro, en torno a la pareja que está bailando y que parecen los protagonistas de la fiesta, el pintor cubano Pedro Vidal y la joven Margot que tantas veces sirvió como modelo a Renoir.

Influido por su contemporáneo y amigo Edgar Degás, Renoir introduce dos perspectivas diferentes, una aplicada desde arriba para representar las figuras de primer plano y otra frontal en el fondo del cuadro.

La luz, unos de los elementos principales del estilo impresionista, unifica y diversifica a la vez. Es una luz clara, brillante que se filtra a través del follaje de los árboles e incide en forma de manchas sobre los personajes, el suelo… es la misma luz que Renoir utiliza en otras obras suyas como El Columpio o La muchacha desnuda al sol.

Las sombras, siguiendo los parámetros impresionistas, son azules y otorgan unidad al conjunto. Los colores se enriquecen en matices por la luminosidad que los refleja: colores blancos, negros, azules verdes… La belleza se manifiesta por el tratamiento de la luz y el color, a ellos se une el baile, la música, el murmullo de las conversaciones y el susurro del viento entre árboles; es la vida que fluye y se desarrolla, es el París de la época, el París de Renoir.

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