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El Pozo de Moisés, Sluter

Publicado por Laura Prieto Fernández

El pozo de Moisés es una obra escultórica realizada por el artista del gótico final Claus Sluter. Sluter se convirtió en una de las principales figuras escultóricas del siglo XIV, su obra de gran fuerza expresiva y deslumbrante belleza habla por sí misma hasta el punto de abandonar las anquilosadas formas del estilo goticista preludiando la naturalidad renacentista.

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El escultor de origen holandés nació en la ciudad de Haarlem –actual Holanda- en torno a 1350. Trabajó en las ciudades de su entorno hasta que en 1385 se trasladó a Dijon (Francia) donde trabajó junto con Jean de Marville durante cuatro años; a la muerte de éste Sluter pasó a ocupar su cargo como escultor en la corte de Felipe el Atrevido.

Ya dentro de éste puesto como escultor de la corte Sluter diseño El pozo de Moisés entre 1395 y 1403 para la Cartuja de Champmol, un monasterio cartujo que debía servir como enterramiento al duque y su esposa. En realidad lo que hoy conocemos como pozo de Moisés no era sino la base de un monumental calvario que se situaría en el claustro del monasterio; la famosa base de forma hexagonal albergaba en cada uno de sus lados figuras de los profetas: Daniel, Ezequiel, Isaías, Jeremías, David y Moisés. Del calvario –Jesucristo crucificado acompañado de la Virgen y San Juan- que debía coronar el pedestal apenas quedan restos tan sólo el torso y la cabeza de Cristo. Parece ser que Sluter se basó en una pequeña fons vitae o fuente de vida que se encontraba en el monasterio.

Las figuras que Sluter creó para la base fueron alabadas durante siglos y maestros escultores de todas las ciudades cercanas acudían a Dijón para copiar las obras. Siguiendo los parámetros estilísticos del estilo gótico internacional las esculturas del pozo se liberan del marco adoptando posturas realistas; los rostros y ropajes están marcados por el potente naturalismo que se encuentra más cercano a las fórmulas desarrolladas en el siglo siguiente por los primitivos flamencos que a la escultura medieval.

La fuerza emanan las esculturas de Sluter provoca que éstas tengan un cierto carácter de pesadez quizás por lo particular de los pliegues de sus ropajes; éstos fueron una seña de identidad del propio escultor, son pliegues muy marcados y con gran volumen que el artista también utilizaría en otras de sus obras.

Típico del escultor son también los rostros realista como los que realiza en esta obra, las expresiones son naturales sin demasiada complejidad pero de gran factura, posiblemente tomadas de modelos naturales.

El pozo de Moisés no pudo ser terminado por Sluter y a su fallecimiento su sobrino, el también escultor Claus de Werve, se hizo cargo de la obra con formas más delicadas que las del maestro goticista internacional. El duque encargó a Sluter no sólo el Pozo ubicado en el claustro sino también la portada de la Cartuja que ya había empezado Marville. Así la figura de Claus Sluter se convirtió en el mejor escultor de la zona borgoñesa, predecesor incomparable del naturalismo que aún estaba por llegar.

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