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La espiritualidad en el arte del s. XIX

Publicado por Chus

Durante el s. XIX una corriente de pensamiento místico se expresó a través del arte y la literatura. En diferentes artistas y movimientos puede seguirse esta tendencia, desde el gótico religioso de Pugin, hasta los pintores más innovadores de fin de siglo que querían establecer, como Gauguin el “derecho de probarlo todo”. Tal vez actualmente los prerrafaelistas pueden parecernos unos estetas colmados de literatura, cuyas cualidades pictóricas no están a la altura de sus intenciones, pero en su época constituyeron una bocanada de idealismo y un gran deseo de pureza y de renovación interior. Sus sueños de leyendas y paraísos perdidos acabarán fundiéndose con el simbolismo y prepararon la eclosión del Art Nouveau.

retrato azul

El Simbolismo forma parte de los movimientos antirrealistas que unieron a artistas y también a escritores. Su nombre, inventado por Jean Moréas, designaba una tendencia entre muchas otras que tenían por denominador común el espíritu de investigación en lo espiritual, lo cual era una modernidad, celebrada por Baudelaire como un fermento esencial de la obra de arte.
Junto a el, nace el cloisonnismo de Emile Bernard, el Divisionismo, el Sintetismo, el Ideísmo, etc. Fue una época en la que pulularon revistas que mezclaban textos e imágenes, en las que se experimentaron motivos y ejemplos que aportarían una contribución esencial en la gestación del Modernismo por ejemplo. En Inglaterra Mackmurdo fundó “The hobby Horse”, Beardsley “The Yellow Book”, en París los hermanos Natanson publicaron “La Revue Blanche”, en Barcelona “Juventud”, etc.

El papel de “La Revue Blanche” en París es muy interesante para la historia del Arte, pues en ella se reunieron los críticos de arte Fénéon y Geffroy, los pintores Bonnard, Denis, Serusier, y otros y contó también con colaboraciones de Gauguin. En ella reinaba una corriente de ideas entre las que fermentaba una nueva concepción del arte paralela al refinamiento de los poetas y escritores simbolistas. Gustave Moreau, Böcklin o Puvis de Chavannes indican la diversidad de pintores animados por un mismo ideal, escapar del realismo, para lo que se colocaron voluntariamente al margen de los gustos de la sociedad. Este movimiento antimaterialista se manifestó también en católicos convencidos como Blois o Huysmans.

Querían escapar a la vulgaridad del mundo afectando actitudes y originalidades cuidadosamente estudiadas, para demostrar que no pertenecían a la humanidad común. Así por ejemplo los pintores simbolistas adaptaron el “aspecto de artista” llevando capa, fular y gran sombrero, todo ello para diferenciarse de la burguesía.

Los nabis Sérusier, Bonnard, Denis, Valloton, etc. toman influencias tanto de Van Gogh como de Gauguin o de Odilon Redon, otro pintor poeta de lo imaginario, del inconsciente y del símbolo. Pintores y poetas van de la mano, aunque tal vez el artista que mejor supo profundizar en la atmósfera espiritual de la época fue un músico, Debussy, que con discreción y sutil elegancia da la vuelta a las leyes de la armonía y aporta a la historia de la música sensaciones desconocidas. Por último, Kandinsky basa toda su revolución en el arte buscando lo espiritual “De lo espiritual en el arte”, es su obra escrita más importante en la que reflexiona sobre el arte y sobre la vinculación del mismo con el yo interior.

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