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Interior de una taberna de Ostade

Publicado por A. Cerra

Este óleo pintado sobre tabla lo realizó el pintor flamenco Adrien van Ostade hacia el años 1661, durante ya sus años de madurez, ya que este pintor vivió entre el 1610 y el 1684.

En la actualidad está obra forma parte de la colección de pintura barroca del Museo Thyssen Bornemisza de Madrid.

Ostade fue un pintor que se especializó ante todo en la representación del mundo rural de su época. Un tipo de escenas costumbristas en las que siempre a añadía ciertos notas satíricas sobre las costumbres de su tiempo. Y es muy curioso que se dedicara sobre todo a pintar zonas rurales y campesinos, ya que él vivió prácticamente toda su vida en la ciudad de Haarlem, una de las más grandes de la Holanda del siglo XVII.

Interior de una taberna de Ostade

Interior de una taberna de Ostade

Es un artista barroco que posee una pincelada muy suelta, y que al igual que otros pintores coetáneos está muy interesado por los juegos de luces y de sombras en sus imágenes. Algo que se fue incrementando con el paso del tiempo, y que durante su fase de madurez alcanza las cotas más altas. Un buen ejemplo es este cuadro de Interior de una taberna, donde los efectos lumínicos alcanzan su máximo apogeo. Es un momento en el que ya ha influido bastante en él la pintura de Rembrandt, por eso sus tonos se nos muestran bastante cálidos y afloran zonas del cuadro donde se aprecian suaves transiciones de claroscuro.

No obstante, la gran influencia de la pintura de Adrian van Ostade fue el pintor flamenco Adriaen Brouwer, y también fue muy importante en la concepción de su estilo, conocer las obras de uno de los más grandes pintores del Barroco, que también vivía en Haarlem y que sobre todo trabajaba el campo del retrato. Este otro pintor no es otro que Franz Hals.

Ostade pintó este cuadro en 1661 antes de convertirse en el miembro decano del gremio de pintores de San Lucas de su ciudad holandesa. Y por esas fechas ya había abandonado las más bulliciosas composiciones de años anteriores, donde abundaban los personajes y el tono satírico y casi burlesco era mucho más claro.

En cambio aquí vemos únicamente un personaje sentado, fumando y bebiendo, en primer plano, y al fondo un grupo de jugadores de cartas, que se ven casi en penumbra, pese a que están situados junto a una ventana.

Es curioso ver como la tradición pictórica flamenca de prestar una atención extraordinaria a cualquier tipo de detalle continua a lo largo de los siglos, desde prácticamente los años del arte gótico. Aquí por ejemplo, el pintor se esmera a la hora de pintar la emplomadura de la vidriera decorada del fondo. Esa pasión por el detallismo también se puede apreciar en la jarra o la pipa que están sobre un taburete triangular de anea y madera, que le sirve de mesa al protagonista de la obra.

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