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La alcahueta, Vermeer

Publicado por Laura Prieto Fernández

Durante el siglo XVII los Países Bajos y Holanda llegaron a ser una de las mayores potencias mundiales, al poderío económico del momento se unió un elevado estatus cultural que se vio reflejado en todos los campos artísticos, sin embargo en esta época también floreció un fuerte sentimiento puritano con rígidas normas morales que marcaban todos y cada uno de los aspectos de la sociedad. Quizás por ello nos resulte tan extraño el interés de la sociedad por un subgénero pictórico ambientado en las escenas de burdel que se conoce como Bordeeljte. Éste no dejaba de ser sino parte de las conocidas escenas de género que representaban ambientes de la vida cotidiana, pero quizás se trataba de un ambiente mucho más íntimo y clandestino y no solo en cuanto a la sensualidad se refiere, sino por ser un ambiente taciturno abocado a la nocturnidad de ciertas casas de “mala reputación”.

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La obra que aquí analizamos lleva por título La alcahueta aunque también es conocida como En casa de la alcahueta y es fruto de los pinceles de uno de los grandes genios de la época y quizás del artista que mejor ha representado las escenas de género a lo largo de la historia del arte, Johannes Vermeer. Vermeer es el autor de obra tan conocidas como La Joven de la Perla y si bien es cierto que en sus pinturas la figura femenina cobra una especial importancia, en esta ocasión lo hace aún más si cabe.

Nos encontramos ante una obra realizada en óleo sobre lienzo que data de mediados del siglo XVII, concretamente del año 1656. Pintada en formato vertical, el lienzo no resulta demasiado grandes, más bien sus medidas lo hacen ser una obra de pequeño o mediano formato que cuenta con ciento cuarenta y tres centímetros de alto y algo más de ciento treinta de ancho. Según los expertos, Vermeer pudo inspirarse en la obra que lleva el mismo título pintada por el artista Dirck Van Baburen y que colgaba en casa de su suegra.

El artista sigue su tradicional composición de colocar en primer plano un objeto para marcar la profundidad, esta ocasión se trata de una mesa que aparece recubierta por un tapiz y que nos hace suponer que la escena no se desarrollaría dentro de un burdel público sino en la casa de la propia alcahueta. Especial atención merece el cuidado que el artista ha puesto en la representación del tapiz con una excepcional representación táctil de la tela.

Tras la mesa se dispone un grupo de cuatro personajes: vestido de rojo encontramos al cliente de la alcahueta, quizá un hombre casado que se sirve de las mañas de la casamentera para verse con su amante, una joven vestida de amarillo y con mejillas sonrosadas a causa del vino que sostiene en su copa con la mano izquierda. Completando la composición aparece otro hombre con una sonrisa perturbadora que mira directamente al espectador y nos introduce en el cuadro y la alcahueta que observa interesada como se desarrolla la acción entre los amantes.

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