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Los enamorados en el cielo de Vence de Chagall

Publicado por A. Cerra

El pintor ruso Marc Chagall se instaló desde 1950 al sur de Francia. Concretamente en Vence, en la Provenza, un tierra cuyo color y luz ya habían amado y pintado artistas como Henri Matisse o Pablo Picasso. Y desde luego, esos colores tan luminosos hicieron todavía más resplandecientes sus tonos y sus paleta, al mismo tiempo que se trata de un pintor ya maduro por lo que también se puede ver en sus cuadros que la experiencia ha refinado su arte y lo ha hecho más profundo, aunque siga tocando algunos temas idénticos a los de su juventud.

Los enamorados en el cielo de Vence de Chagall

Un buen ejemplo es este óleo sobre tela que hizo entre los años 1956 y 1960. Incluso el título nos está hablando de ese escenario natural tan luminoso: Los enamorados en el cielo de Vence.

Como ya ha hecho en otros cuadros suyos anteriores nos vuelve a plantear una escena protagonizada por una pareja de enamorados. Retrata la emoción del amor, pero como es habitual en él lo hace desde una interpretación un tanto onírica, en la que se mezcla el sueño y el recuerdo.

Y para ello recurre a su ya largo bagaje creativo y estético. Por ejemplo, usa las experiencias cubistas de años atrás para construir unas composiciones a partir de planos que se van entrecruzando y superponiendo. Está transfigurando esos diferentes planos en un tratamiento pictórico completamente alejado de las teorías cubistas. Ha transformado esas descomposiciones de planos y puntos de vista en otra cosa distinta.

Por otra parte, es capaz de vincular todos los elementos para crear una unidad pictórica y también conceptual. En realidad nos hace ver una escena envuelta en una atmósfera transparente donde personas y objetos no tienen peso, son tan livianos que son capaces de ascender al cielo. De algún modo nos habla de un amor de fantasía, del amor soñado que se materializa en un ramo.

Observamos a la pareja etérea ocupando toda una diagonal ascendente en la composición. Sus cuerpos son tan ligeros y transparentes que vemos en sus siluetas los colores azules del cielo y de la región mediterránea cuya esplendorosa vegetación viene representada por una gran palmera. Mientras que a los pies de la pareja de enamorados, en la esquina inferior derecha hay un candelabro y sobre él un grandioso ramo de flores de varios colores, todos ellos muy vivos y poderosos. Un ramo coronado por el círculo de la propia Luna, que se transforma en una flor más.

En definitiva, vemos un pintor que vuelve a pintar figuras casi voladoras y enamoradas, como había hecho en otras obras anteriores. Pero sin duda alguna, con el paso de los años se ha convertido en un artista más complejo y también más libre, que quiere escapar de cualquier método y teoría, tal y como él mismo confesó en sus últimos años de vida.

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