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Los paraguas, Renoir

Publicado por Laura Prieto Fernández

Si realmente hubo un artista durante el impresionismo que supiera captar el ambiente de la sociedad parisina del momento ese fue sin lugar a dudas Renoir, pese a que la mayoría de sus lienzos se ambientan en la escena rural, el artista también representó escenas de la vida y ociosidad urbana tanto los bailes como los teatros o inclusive como en la obra que aquí nos ocupa en la que el artista representa el ajetreo bullicioso de la gran ciudad.

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Pierre Auguste Renoir (1841 – 1919) fue una de las grandes figuras de la estética impresionista en París. Nacido en la localidad de Limoges, el pintor pronto se trasladó a la capital para continuar allí con su formación. Trabajó en el taller de los hermanos Levy pintando y decorado abanicos y porcelanas un hecho que dejará una profunda impronta en su pintura sobre todo en la representación de los famosos bouquets de flores. Tras su participación en la Exposición Impresionista de 1874 el artista se convirtió en uno de los referentes impresionistas y a principios de la década de los ochenta el artista viajará a Italia y a Argel, una experiencia que se refleja incluso en sus pinturas. Desde entonces la factura impresionista de sus lienzos adquiere una tendencia más clasicista y algunos expertos hablan de cómo ese cambio en la estética del autor se plasme en la obra que aquí analizamos.
La obra de Los paraguas se trata de un cuadro realizada en óleo sobre lienzo de formato vertical que mide unos ciento ochenta centímetros de altura y algo más de ciento diez de anchura. La obra en la actualidad se conserva y exhibe en la National Gallery de Londres.

Parece ser que los historiadores del arte plantean la posibilidad de que el lienzo de Los paraguas fuese pintado en dos etapas diferentes, la primera de ellas entre los años 1881 o 1882, con una factura plenamente impresionista, a ésta época pertenecerían la dama que mira hacia abajo y sus dos hijas que la acompañan. A una segunda etapa menos clasicista y pintada entre 1883 y 1886 se correspondería la muchacha de la cesta realizada con una factura más tradicional. Esta hipótesis o planteamiento de que el lienzo fuese pintado en dos etapas diferentes queda revalorizada al descubrir que el artista utilizó dos tonos diferentes de azul en cada parte del cuadro.

En la obra se hace patente además el influjo de la estampa japonesa en la pintura del artista con formas muy planas que se observan en los paraguas así como un llamativo geometrismo de algunas formas que nos remiten a las obras posteriores de Cezanne. En la pintura de Renoir se aprecia el aislamiento de la nueva sociedad, los personajes pese a aparecer tan juntos no se relacionan unos con los otros ni establecen ningún tipo de diálogo. Quizás lo más llamativo sea la forma en la que la joven de la cesta y la niña más pequeña –la cual ignora a su madre- miran directamente al espectador involucrándonos en el lienzo.

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